Bienvenido a la casa que guarda la memoriaWelcome to the house that keeps the memory
La Casa Museo El Santuario reúne, en una casa patrimonial, los objetos, las fotografías y las historias que cuentan cómo se formó este municipio del Oriente antioqueño: desde la devoción a San José y la vida de la parroquia, hasta la cocina campesina, la escuela, los oficios, el arte y el comercio.
El recorrido está organizado en once salas. Cada una tiene una descripción breve para leer en el momento y un audio guía con el relato completo de la sala, narrado con las voces y los nombres propios de El Santuario.
Puede seguir el orden propuesto o entrar directamente a la sala donde se encuentre.
Casa Museo El Santuario gathers, inside a heritage house, the objects, photographs and stories that tell how this town in eastern Antioquia came to be: from the devotion to Saint Joseph and the life of the parish, to the country kitchen, the school, the crafts, the arts and local commerce.
The tour is organised in eleven rooms. Each one has a short description to read on the spot and an audio guide with the full story of the room.
You can follow the suggested order or go straight to the room you are standing in.
Audio de bienvenida en preparación. Welcome recording in preparation.
Capilla de San JoséChapel of Saint Joseph
El antiguo patrono del valleThe valley’s first patron saint
Audio en preparación. Las grabaciones de esta sala van en audio/es/01-capilla-san-jose/ y el reproductor se activa solo.
Recording in preparation. This room’s files go in audio/en/01-capilla-san-jose/ and the player activates automatically.
Una devoción que permaneceA devotion that endures
Esta capilla honra a San José, cuyo nombre está ligado al territorio donde se encuentra nuestro municipio: el Valle de San José de la Marinilla.
Mucho antes de que Nuestra Señora de Chiquinquirá se convirtiera en la principal advocación religiosa de El Santuario, San José fue uno de los primeros referentes de devoción para los santuarianos.
Los objetos reunidos aquí cuentan parte de esa historia. Son piezas que pertenecieron a sacerdotes, conventos, iglesias y familias del municipio y que, con el paso de los años, encontraron una nueva forma de permanecer entre nosotros.
Esta capilla es también un espacio para recordar que conservar un objeto es, muchas veces, conservar la historia y la fe de quienes lo tuvieron antes que nosotros.
This chapel honours Saint Joseph, whose name is bound to the territory where our town stands: the Valley of San José de la Marinilla.
Long before Our Lady of Chiquinquirá became the main religious devotion of El Santuario, Saint Joseph was one of the first figures of faith for the people of this town.
The objects gathered here tell part of that story. They belonged to priests, convents, churches and families of the municipality, and over the years they found a new way of remaining among us.
This chapel is also a place to remember that keeping an object often means keeping the history and the faith of those who held it before us.
Leer el guion completo de la salaRead the full room script
SAN JOSÉ
El antiguo patrono
Esta escultura de San José fue realizada en 1936 por el artista santuariano Francisco Gómez Botero, nieto del fundador de la cerámica del Salto.
La imagen está tallada en madera de roble, recubierta con yeso, y tiene un peso aproximado de 120 kilos.
Su presencia en esta capilla nos recuerda una devoción que antecedió a la llegada de Nuestra Señora de Chiquinquirá como principal advocación de los santuarianos.
CRISTO
Dos siglos de memoria
Esta figura de Cristo tiene aproximadamente 200 años.
Es una pieza única, completamente tallada en madera, de la que no existe copia conocida.
Perteneció originalmente al sacerdote santuariano Jesús María Salazar.
MISAL EN LATÍN Y HUMERAL
Objetos de la celebración
Estos objetos litúrgicos pertenecieron al Padre Isaías Aristizábal, segundo párroco de El Santuario.
El Misal Romano es el libro utilizado para la celebración de la Eucaristía.
El humeral, también llamado velo humeral, se utiliza para cubrir los hombros y las manos del sacerdote al tomar la custodia con el Santísimo Sacramento durante su exposición o procesión.
Son objetos que permiten imaginar cómo se celebraban las ceremonias religiosas en otras épocas.
COMULGATORIO Y VITRAL
Una capilla que ya no existe
Estos elementos pertenecieron a una antigua capilla dedicada a San Antonio, ubicada en la casa del Padre Pablo Tulio Pineda.
La capilla permaneció allí hasta hace aproximadamente 60 años, en el lugar donde actualmente se encuentra el Colegio María Auxiliadora, específicamente en el espacio que hoy ocupa su biblioteca.
El comulgatorio y el vitral son, por eso, más que elementos religiosos: son fragmentos de un lugar que ya desapareció.
MESA DEL ALTAR
Del convento a la Casa Museo
Esta mesa perteneció al Convento de las Concepcionistas desde 1938 y fue utilizada para la celebración de las Eucaristías.
Posteriormente fue donada generosamente para formar parte de la Casa Museo.
Hoy vuelve a cumplir una función dentro de un espacio dedicado a conservar la memoria religiosa de El Santuario.
SAGRARIO
Una historia de transformación
Este sencillo cajón fue el primer sagrario utilizado en la Basílica Menor de San Judas Tadeo, durante su construcción, en 1892.
Permaneció allí hasta 1935, cuando fue reemplazado por un sagrario de plata una vez terminada la construcción.
Después ocurrió algo inesperado: durante más de 80 años permaneció en una casa particular, utilizado como mueble de noche.
En 2022, Isabelita Aristizábal lo donó generosamente a la Casa Museo.
Un objeto que alguna vez ocupó un lugar central en la vida litúrgica del municipio terminó convertido, durante décadas, en un mueble doméstico y finalmente regresó a un espacio de memoria.
Esta probablemente sea una de las historias más potentes de toda la capilla.
BANCAS
Cuando una cama se convierte en banca
Las bancas de esta capilla tienen una historia particular.
Originalmente fueron camas matrimoniales pertenecientes a familias santuarianas, con aproximadamente 120 y 140 años de antigüedad.
Debido a la falta de espacio para exhibirlas como camas y reconociendo su valor histórico, fueron adaptadas para cumplir una nueva función dentro de la capilla.
Así, un objeto relacionado con la vida familiar terminó acompañando la vida religiosa de la Casa Museo.
RINCÓN DE RELIGIOSIDAD POPULAR
La fe de nuestras abuelas
Este espacio reúne imágenes que evocan una parte íntima de la memoria religiosa santuariana: las devociones que acompañaban la vida cotidiana de nuestras familias.
Son imágenes de santos, advocaciones y representaciones de Cristo que durante generaciones estuvieron presentes en las casas, las habitaciones y los altares familiares.
La colección incluye:
- San Roque
- San Jerónimo
- San José
- Sagrado Corazón de Jesús
- Sagrada Familia
- Divino Rostro
- Jesús de la Buena Esperanza
- Santa Rita de Casia
- Santa Teresita del Niño Jesús
- San Juan de la Cruz
- Jesús de Nazareth
Entre estas piezas destaca un Cristo de aproximadamente 300 años de antigüedad, que perteneció durante 12 generaciones a la familia de Monseñor Camilo Gómez.
Más que una colección de imágenes religiosas, este rincón representa la manera en que la fe entraba en las casas y hacía parte de la vida familiar.
JUICIO FINAL
Una imagen para enseñar la fe
Este cuadro, de aproximadamente 200 años, pertenece a una tradición de obras religiosas que antiguamente cumplían también una función pedagógica.
En una época en la que muchas personas no sabían leer, las imágenes ayudaban a transmitir historias bíblicas y enseñanzas religiosas.
El Juicio Final permitía acercarse visualmente a una de las principales enseñanzas del cristianismo: la vida después de la muerte y el destino del ser humano.
LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ROCAS
Obras que estuvieron a punto de desaparecer
Estas pinturas tienen más de 300 años de antigüedad y pertenecieron a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Chiquinquirá desde 1854 hasta 1968.
Cuando estuvieron a punto de ser destruidas, fueron rescatadas y conservadas por don Orlando Vásquez Aristizábal, quien posteriormente las donó generosamente a la Casa Museo.
Su historia representa uno de los propósitos fundamentales de este lugar: rescatar aquello que pudo perderse y devolverlo a la memoria de la comunidad.
The full English script for this room is being prepared. The Spanish version above is the source text used for the recording.
SAN JOSÉ
El antiguo patrono
Esta escultura de San José fue realizada en 1936 por el artista santuariano Francisco Gómez Botero, nieto del fundador de la cerámica del Salto.
La imagen está tallada en madera de roble, recubierta con yeso, y tiene un peso aproximado de 120 kilos.
Su presencia en esta capilla nos recuerda una devoción que antecedió a la llegada de Nuestra Señora de Chiquinquirá como principal advocación de los santuarianos.
CRISTO
Dos siglos de memoria
Esta figura de Cristo tiene aproximadamente 200 años.
Es una pieza única, completamente tallada en madera, de la que no existe copia conocida.
Perteneció originalmente al sacerdote santuariano Jesús María Salazar.
MISAL EN LATÍN Y HUMERAL
Objetos de la celebración
Estos objetos litúrgicos pertenecieron al Padre Isaías Aristizábal, segundo párroco de El Santuario.
El Misal Romano es el libro utilizado para la celebración de la Eucaristía.
El humeral, también llamado velo humeral, se utiliza para cubrir los hombros y las manos del sacerdote al tomar la custodia con el Santísimo Sacramento durante su exposición o procesión.
Son objetos que permiten imaginar cómo se celebraban las ceremonias religiosas en otras épocas.
COMULGATORIO Y VITRAL
Una capilla que ya no existe
Estos elementos pertenecieron a una antigua capilla dedicada a San Antonio, ubicada en la casa del Padre Pablo Tulio Pineda.
La capilla permaneció allí hasta hace aproximadamente 60 años, en el lugar donde actualmente se encuentra el Colegio María Auxiliadora, específicamente en el espacio que hoy ocupa su biblioteca.
El comulgatorio y el vitral son, por eso, más que elementos religiosos: son fragmentos de un lugar que ya desapareció.
MESA DEL ALTAR
Del convento a la Casa Museo
Esta mesa perteneció al Convento de las Concepcionistas desde 1938 y fue utilizada para la celebración de las Eucaristías.
Posteriormente fue donada generosamente para formar parte de la Casa Museo.
Hoy vuelve a cumplir una función dentro de un espacio dedicado a conservar la memoria religiosa de El Santuario.
SAGRARIO
Una historia de transformación
Este sencillo cajón fue el primer sagrario utilizado en la Basílica Menor de San Judas Tadeo, durante su construcción, en 1892.
Permaneció allí hasta 1935, cuando fue reemplazado por un sagrario de plata una vez terminada la construcción.
Después ocurrió algo inesperado: durante más de 80 años permaneció en una casa particular, utilizado como mueble de noche.
En 2022, Isabelita Aristizábal lo donó generosamente a la Casa Museo.
Un objeto que alguna vez ocupó un lugar central en la vida litúrgica del municipio terminó convertido, durante décadas, en un mueble doméstico y finalmente regresó a un espacio de memoria.
Esta probablemente sea una de las historias más potentes de toda la capilla.
BANCAS
Cuando una cama se convierte en banca
Las bancas de esta capilla tienen una historia particular.
Originalmente fueron camas matrimoniales pertenecientes a familias santuarianas, con aproximadamente 120 y 140 años de antigüedad.
Debido a la falta de espacio para exhibirlas como camas y reconociendo su valor histórico, fueron adaptadas para cumplir una nueva función dentro de la capilla.
Así, un objeto relacionado con la vida familiar terminó acompañando la vida religiosa de la Casa Museo.
RINCÓN DE RELIGIOSIDAD POPULAR
La fe de nuestras abuelas
Este espacio reúne imágenes que evocan una parte íntima de la memoria religiosa santuariana: las devociones que acompañaban la vida cotidiana de nuestras familias.
Son imágenes de santos, advocaciones y representaciones de Cristo que durante generaciones estuvieron presentes en las casas, las habitaciones y los altares familiares.
La colección incluye:
- San Roque
- San Jerónimo
- San José
- Sagrado Corazón de Jesús
- Sagrada Familia
- Divino Rostro
- Jesús de la Buena Esperanza
- Santa Rita de Casia
- Santa Teresita del Niño Jesús
- San Juan de la Cruz
- Jesús de Nazareth
Entre estas piezas destaca un Cristo de aproximadamente 300 años de antigüedad, que perteneció durante 12 generaciones a la familia de Monseñor Camilo Gómez.
Más que una colección de imágenes religiosas, este rincón representa la manera en que la fe entraba en las casas y hacía parte de la vida familiar.
JUICIO FINAL
Una imagen para enseñar la fe
Este cuadro, de aproximadamente 200 años, pertenece a una tradición de obras religiosas que antiguamente cumplían también una función pedagógica.
En una época en la que muchas personas no sabían leer, las imágenes ayudaban a transmitir historias bíblicas y enseñanzas religiosas.
El Juicio Final permitía acercarse visualmente a una de las principales enseñanzas del cristianismo: la vida después de la muerte y el destino del ser humano.
LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ROCAS
Obras que estuvieron a punto de desaparecer
Estas pinturas tienen más de 300 años de antigüedad y pertenecieron a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Chiquinquirá desde 1854 hasta 1968.
Cuando estuvieron a punto de ser destruidas, fueron rescatadas y conservadas por don Orlando Vásquez Aristizábal, quien posteriormente las donó generosamente a la Casa Museo.
Su historia representa uno de los propósitos fundamentales de este lugar: rescatar aquello que pudo perderse y devolverlo a la memoria de la comunidad.
La SacristíaThe Sacristy
La Iglesia y la vida santuarianaThe Church and local life
Audio en preparación. Las grabaciones de esta sala van en audio/es/02-sacristia/ y el reproductor se activa solo.
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La Iglesia y la vida santuarianaThe Church and life in El Santuario
En El Santuario, la Iglesia ha sido mucho más que un espacio para la celebración de la fe. Durante generaciones ha acompañado la educación, las celebraciones, las tradiciones, la organización comunitaria y buena parte de la vida cotidiana de sus habitantes.
Por la presencia histórica de numerosos sacerdotes nacidos en el municipio, El Santuario ha sido conocido como la “Ciudad Levítica de Antioquia”.
Esta sala reúne fotografías, objetos y obras que permiten acercarnos a esa historia: procesiones, catequesis, convivencias, visitas a las veredas y otras actividades en las que la parroquia y la comunidad construyeron juntas una parte importante de la identidad santuariana.
In El Santuario the Church has been far more than a place of worship. For generations it has accompanied education, celebrations, traditions, community organisation and much of daily life.
Because so many priests were born here, El Santuario has been known as the “Levitical City of Antioquia”.
This room brings together photographs, objects and works that open a window onto that history: processions, catechism, retreats, visits to the rural villages, and other activities through which the parish and the community built an important part of the local identity.
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EZEQUIEL BOTERO
Una historia de devoción
Ezequiel Botero soñó desde joven con ser sacerdote y entró al seminario para seguir su vocación. Después de varios años decidió retirarse, pues consideraba que no era digno de recibir el sacramento del sacerdocio.
Se trasladó entonces a la vereda El Valle de María, donde construyó una pequeña capilla.
Según la tradición, después de su muerte comenzó a percibirse en la vereda un aroma especial, semejante al de las rosas. Los habitantes buscaron su origen y descubrieron que provenía de la capilla, donde encontraron a Ezequielito fallecido.
Este acontecimiento fue interpretado como un “morir en olor de santidad”.
La historia causó tal impresión que se encargó un retrato al pintor Francisco Antonio Moreno Ramírez. Monseñor José Ignacio Botero, primo de Ezequiel, le pidió representarlo vestido como sacerdote, como expresión de la creencia de que había alcanzado en la eternidad aquello que no pudo realizar en vida.
JERARQUÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA
Una Iglesia que enseñaba
Este cuadro, de aproximadamente 90 años, fue encargado por Monseñor José Ignacio Botero, reconocido por su enfoque didáctico en la enseñanza de la doctrina católica.
La composición representa la jerarquía de la Iglesia: Jesús, el Papa, el Arzobispo, el Obispo, el Párroco y los agentes de acción pastoral, representados por la comunidad y los niños.
La obra también establece una conexión simbólica entre el Vaticano y la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá.
Fue realizada por el artista Claver Ramírez y posteriormente restaurada por Argiro Quinchía.
LOS HIJOS DE LA PROMESA
Una tradición familiar
Don Ramón Giraldo y doña Ignacia Zuluaga llevaban más de diez años de matrimonio sin poder concebir hijos.
Al conocer la fama de la Virgen milagrosa, Nuestra Señora de Chiquinquirá, emprendieron una peregrinación a pie y en mula e hicieron una promesa: si lograban tener hijos, dedicarían al menos uno de ellos a Dios.
Según la historia familiar, su peregrinación tuvo respuesta. Ignacia llegó a concebir siete veces.
De sus siete hijos, dos se hicieron sacerdotes y una se convirtió en religiosa.
La promesa trascendió aquella generación y se convirtió en una tradición familiar que continuó a través de los años, especialmente entre los descendientes de la familia Giraldo.
PADRE ANTONIO GÓMEZ
El Padre Toñito
El Padre Antonio Gómez, conocido cariñosamente como Padre Toñito, falleció el 23 de marzo de 1972.
Fue un sacerdote muy querido y una figura de orgullo para los habitantes de El Santuario. Su proceso de reconocimiento dentro de la Iglesia llegó a la declaración de Venerable, título que reconoce el ejercicio heroico de las virtudes cristianas.
Su historia forma parte de la memoria religiosa del municipio y de la larga tradición sacerdotal que le ha dado a El Santuario el nombre de “Ciudad Levítica de Antioquia”.
La obra fue realizada por el pintor Claver Ramírez y posteriormente restaurada por Argiro Quinchía.
The full English script for this room is being prepared. The Spanish version above is the source text used for the recording.
EZEQUIEL BOTERO
Una historia de devoción
Ezequiel Botero soñó desde joven con ser sacerdote y entró al seminario para seguir su vocación. Después de varios años decidió retirarse, pues consideraba que no era digno de recibir el sacramento del sacerdocio.
Se trasladó entonces a la vereda El Valle de María, donde construyó una pequeña capilla.
Según la tradición, después de su muerte comenzó a percibirse en la vereda un aroma especial, semejante al de las rosas. Los habitantes buscaron su origen y descubrieron que provenía de la capilla, donde encontraron a Ezequielito fallecido.
Este acontecimiento fue interpretado como un “morir en olor de santidad”.
La historia causó tal impresión que se encargó un retrato al pintor Francisco Antonio Moreno Ramírez. Monseñor José Ignacio Botero, primo de Ezequiel, le pidió representarlo vestido como sacerdote, como expresión de la creencia de que había alcanzado en la eternidad aquello que no pudo realizar en vida.
JERARQUÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA
Una Iglesia que enseñaba
Este cuadro, de aproximadamente 90 años, fue encargado por Monseñor José Ignacio Botero, reconocido por su enfoque didáctico en la enseñanza de la doctrina católica.
La composición representa la jerarquía de la Iglesia: Jesús, el Papa, el Arzobispo, el Obispo, el Párroco y los agentes de acción pastoral, representados por la comunidad y los niños.
La obra también establece una conexión simbólica entre el Vaticano y la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá.
Fue realizada por el artista Claver Ramírez y posteriormente restaurada por Argiro Quinchía.
LOS HIJOS DE LA PROMESA
Una tradición familiar
Don Ramón Giraldo y doña Ignacia Zuluaga llevaban más de diez años de matrimonio sin poder concebir hijos.
Al conocer la fama de la Virgen milagrosa, Nuestra Señora de Chiquinquirá, emprendieron una peregrinación a pie y en mula e hicieron una promesa: si lograban tener hijos, dedicarían al menos uno de ellos a Dios.
Según la historia familiar, su peregrinación tuvo respuesta. Ignacia llegó a concebir siete veces.
De sus siete hijos, dos se hicieron sacerdotes y una se convirtió en religiosa.
La promesa trascendió aquella generación y se convirtió en una tradición familiar que continuó a través de los años, especialmente entre los descendientes de la familia Giraldo.
PADRE ANTONIO GÓMEZ
El Padre Toñito
El Padre Antonio Gómez, conocido cariñosamente como Padre Toñito, falleció el 23 de marzo de 1972.
Fue un sacerdote muy querido y una figura de orgullo para los habitantes de El Santuario. Su proceso de reconocimiento dentro de la Iglesia llegó a la declaración de Venerable, título que reconoce el ejercicio heroico de las virtudes cristianas.
Su historia forma parte de la memoria religiosa del municipio y de la larga tradición sacerdotal que le ha dado a El Santuario el nombre de “Ciudad Levítica de Antioquia”.
La obra fue realizada por el pintor Claver Ramírez y posteriormente restaurada por Argiro Quinchía.
Sala MatrimonialThe Marriage Room
El matrimonio como instituciónMarriage as an institution
Audio en preparación. Las grabaciones de esta sala van en audio/es/03-sala-matrimonial/ y el reproductor se activa solo.
Recording in preparation. This room’s files go in audio/en/03-sala-matrimonial/ and the player activates automatically.
En este espacio honramos el matrimonio como una de las instituciones que ha acompañado la construcción de nuestras familias y de nuestra comunidad.
Aquí podemos acercarnos a las formas en que nuestros antepasados vivieron el amor, la familia y la vida en pareja: desde las ceremonias y las fotografías matrimoniales, hasta los objetos que acompañaban la intimidad y la vida cotidiana del hogar.
This room honours marriage as one of the institutions that shaped our families and our community.
Here we can come closer to the ways our ancestors lived love, family and life as a couple: from ceremonies and wedding photographs to the objects that accompanied the intimacy and daily life of the home.
Leer el guion completo de la salaRead the full room script
Durante buena parte del siglo XX, los matrimonios en El Santuario se celebraban siguiendo tradiciones muy particulares.
Era común que los novios vistieran trajes oscuros tipo sastre. Esta costumbre estaba relacionada con la idea, promovida por Monseñor Ignacio Botero, de que el matrimonio acompañaba a la pareja en una vida que también tendría momentos de sacrificio y dificultad.
Algunas parejas combinaban el blanco y el negro, conocido como semi-luto, como una manera de representar que la vida también tenía momentos de alegría.
Las bodas solían realizarse muy temprano en la mañana, debido al ayuno eucarístico que debían guardar los novios antes de recibir el sacramento.
Pero no todos siguieron las tradiciones. En la parte superior encontramos una pareja que decidió casarse de noche y vestir de gala, desafiando las costumbres de su época. Una imagen que nos recuerda que las tradiciones también cambian con cada generación.
Matrimonio Serna Gómez
Cuando el sol apenas comenzaba a vencer la neblina de la madrugada, don Miguel Antonio SernaGómez y doña Blanca Fabiola Zuluaga Gómez iniciaban el tradicional desfile matrimonial por las calles de El Santuario.
La fotografía fue realizada por Antonio Botero hacia las seis de la mañana, en la esquina de la Casa Cural y la Farmacia Santa Cruz, sobre la calle 50, José María Córdova. Aunque la hora era temprana,el pueblo ya estaba despierto. Niños descalzos, muchachas vestidas para la ocasión, hombres con sombrero, mujeres que observan desde las aceras y vecinos que interrumpen por unos minutos sus labores forman espontáneamente el escenario humano de la fotografía. Nadie parece indiferente al paso de los recién casados. En aquella época, un matrimonio no era únicamente un acontecimiento familiar: era también un acontecimiento del pueblo. La imagen conserva, además, un valioso registro del paisaje urbano santuariano. Al fondo se distingue la esquina sur del costado occidental del parque principal, donde se encontraba la casa de don Julio Giraldo. En este edificio funcionó durante algún tiempo la Escuela Industrial y, años después, se levantaría allí el Teatro JoséMaría Córdova, uno de los espacios culturales más recordados por varias generaciones de santuarianos. También puede apreciarse parte del costado sur de la plaza principal, todavía envuelto por la neblina matinal, mientras algunos automóviles permanecen estacionados silenciosamente en el parque. Más allá del matrimonio que documenta, esta fotografía conserva un instante irrepetible de la vida cotidiana de El Santuario. Cada rostro que observa desde la acera, cada niño que mira con curiosidad y cada edificio del fondo narran una historia distinta. Juntas, esas pequeñas historias construyen el retrato de un pueblo que todavía vivía sus alegrías de manera colectiva.Sesenta años después, la neblina de aquella mañana se ha disipado hace mucho tiempo. Sin embargo, gracias al lente de Antonio Botero, permanece intacto el recuerdo de un pueblo que salióa la calle para acompañar el comienzo de una nueva vida.
Matrimonio Gómez Giraldo
Fotografía Captada por Don Antonio Botero el 25 de julio de 1958, con motivo del matrimonio de Don Luis Ángel Gómez Ramírez y Doña Helda Myriam Giraldo Gómez. El pertenece a la familia Gómez que, popularmente, son conocidos como “Los Salteños”. Ella, por su parte, es de los Giraldo conocidos como “Avelinos”. De este matrimonio nacieron, entre otros, el Doctor Oscar Gómez, prolífico escritor; Ancizar Gómez, recordado cantinero y Raúl Gómez Giraldo, exalcalde municipal.
Matrimonio Zuluaga Aristizábal
La elegancia de un pequeño pueblo
27 de diciembre de 1928
Esta extraordinaria fotografía fue realizada por Floro Ezequiel Zuluaga con motivo del matrimonio de Francisco Zuluaga Salazar, conocido cariñosamente como "el maestro Pacho", hijo de Alcandro Zuluaga y Bertilda Salazar, con Julia Rosa Aristizábal Ramírez, hija de Francisco Aristizábal y Clara Rosa Ramírez.
La ceremonia fue celebrada por monseñor Ignacio Botero, párroco de El Santuario entre 1917 y 1962, figura profundamente vinculada a la vida religiosa y social del municipio.
La imagen sorprende por su extraordinaria modernidad.
Aunque fue tomada en un pequeño pueblo del Oriente antioqueño, bien podría confundirse con unretrato realizado en un gran estudio fotográfico de Medellín, Buenos Aires o incluso Nueva York. La delicadeza de la iluminación, el fondo neutro, el encuadre cercano y el refinamiento del vestuario producen una imagen de notable elegancia.
No resulta difícil imaginar una escena de las películas de Charles Chaplin o del cine mudo de finales de los años veinte. Julia Rosa aparece con un sofisticado sombrero tipo cloche, uno de los símbolos más representativos de la moda femenina internacional durante aquella década. Las delicadas perlas, los pendientes, el vestido de líneas sencillas y el maquillaje discreto reflejan una mujer plenamente integrada a las tendencias estéticas de su tiempo.
A su lado, Francisco viste un impecable traje de tres piezas, cuello alto, corbata asegurada con pasador y un elegante reloj de bolsillo cuya cadena apenas asoma sobre el chaleco. Su peinado cuidadosamente marcado y el fino bigote completan una imagen de impecable distinción. Nada parece improvisado: Cada detalle habla del respeto que los santuarianos otorgaban a los acontecimientos más importantes de la vida. Esta fotografía demuestra que la elegancia nunca ha dependido del tamaño de una ciudad ni de la riqueza de sus habitantes. A pesar de las limitaciones económicas propias de una población rural de comienzos del siglo XX, las familias santuarianas procuraban vestir con el mayor esmero para las grandes celebraciones. La boda era una ocasión excepcional, y presentarse dignamente ante la comunidad y ante la cámara formaba parte de la importancia del acontecimiento.Quizá por ello no resulta casual que, hasta nuestros días, El Santuario conserve una profunda cultura de la presentación personal. Salones de belleza, almacenes de moda, estudios fotográficos y empresas dedicadas a los eventos sociales continúan siendo parte importante de la vida económica y cultural del municipio. Más que una simple actividad comercial, representan la continuidad de una tradición centenaria que entiende las celebraciones familiares como momentos dignos de ser recordados con belleza. Floro Ezequiel Zuluaga comprendía perfectamente esa sensibilidad. Lejos de recargar la escena con muebles o elementos decorativos, eligió un fondo sobrio que permite concentrar toda la atención en los rostros de los esposos. La proximidad del encuadre elimina cualquier distracción y convierte la fotografía en un estudio de la expresión humana. Las miradas son serenas, casi introspectivas.
No sonríen.
Como ocurría en la fotografía de estudio de la época, la solemnidad era considerada una forma de respeto hacia el momento que quedaba registrado para la posteridad.
Noventa y siete años después, la imagen continúa sorprendiendo por su actualidad. Más que una fotografía antigua, parece un retrato atemporal, capaz de dialogar con cualquier época. En ella se reconoce una cualidad que ha acompañado durante generaciones a los habitantes de El Santuario:
la convicción de que los momentos importantes de la vida merecen ser vividos —y también recordados— con elegancia.
Matrimonio Serna Gómez
Entre la tradición y la modernidad
21 de mayo de 1959
Esta fotografía fue realizada por Antonio Botero con motivo del matrimonio de Pedro Enrique Serna Gómez, de 33 años, hijo de Luis Serna y Rosario Gómez, con Mariela Gómez Serna, de 23 años, hija de Manuel José Gómez, conocido en El Santuario como "Cacao", y Laura Serna. La ceremonia fue celebrada por el padre Francisco Luis Gómez.A primera vista, la imagen transmite una profunda serenidad: No hay gestos exagerados ni poses teatrales. Los esposos permanecen inmóviles frente a la cámara, como era costumbre en la fotografía social de la época. La expresión contenida de ambos no debe interpretarse como frialdad. Durante buena parte del siglo XX, el retrato formal buscaba proyectar respeto, dignidad y solemnidad, cualidades consideradas apropiadas para uno de los acontecimientos más importantes de la vida.
Antonio Botero demuestra aquí una notable sensibilidad para la composición: El fondo pintado, discretamente desenfocado, apenas insinúa un paisaje. La vieja puerta del estudio y el piso entablado aportan profundidad sin competir con los protagonistas. Todo parece dispuesto para que ninguna distracción aparte la mirada de la pareja.
Pedro Enrique conserva la elegancia característica de los hombres santuarianos de finales de la década de 1950. El sombrero de ala ancha, el traje oscuro cuidadosamente confeccionado, la corbata estampada con pisacorbata y los zapatos impecablemente lustrados hablan de una generación que entendía el vestir como una expresión de respeto hacia la ceremonia y hacia quienes la compartían.
A su lado, Mariela introduce discretamente los nuevos aires de la moda femenina: Su vestido blanco, de mangas cortas abullonadas y delicados pliegues en el pecho, conserva la sencillez propia de la época, pero rompe definitivamente con la antigua tradición del vestido negro que durante décadas había caracterizado muchos matrimonios santuarianos. Un ancho lazo oscuro ciñe la cintura, creando un elegante contraste que dota de personalidad al conjunto. El pequeño bolso de mano, los zapatos de tacón claro, el reloj de pulsera y las discretas joyas completan una imagen de refinada sobriedad.
Hay, además, un detalle que habla silenciosamente de los cambios sociales que comenzaban a vivirse: Mariela ya no aparece vestida exclusivamente para cumplir una tradición religiosa. Su atuendo refleja también una mujer joven que incorpora las nuevas tendencias de la moda de finales de los años cincuenta, cuando la elegancia empezaba a dialogar con una mayor libertad estética. La postura de ambos resulta especialmente significativa: Ella toma con suavidad el brazo de su esposo, mientras él mantiene una posición firme y serena. No existe rigidez entre los dos; tampoco una exhibición deliberada de afecto. Basta ese sencillo gesto para expresar la confianza y el compromiso con el que iniciaban una vida en común.
Más de seis décadas después, esta fotografía continúa siendo un magnífico retrato de una generación que vivió entre dos mundos. En ella aún sobreviven la solemnidad heredada de las costumbres tradicionales, pero ya comienzan a abrirse paso las nuevas formas de vestir, de celebrar y de representar el matrimonio que marcarían los años sesenta.
Como ocurre con muchas de las obras de Antonio Botero, la grandeza de esta imagen reside precisamente en su sencillez. No necesita grandes escenografías ni elementos ornamentales. Dos personas, un fondo cuidadosamente dispuesto y la luz precisa bastan para construir un retrato que conserva intacta la dignidad de sus protagonistas y la elegancia de toda una época.
Matrimonio Orozco Quintero
30 de abril de 1956 matrimonio de Eladio Orozco, de 51 años; viudo de Filomena Ramírez e hijo de Rafael Orozco y Hortensia Gómez con María Carmen Quintero, de 31 años e hija de Fidel Quintero y María Jesús Montes. Los casó Monseñor Ignacio Botero
En esta fotografía tomada por Don Antonio Botero, Don Eladio Orozco Gómez (1905-1974) y María del Carmen Emilia Quintero Montes parecen posar con la solemnidad propia de los retratos de matrimonio de mediados del siglo XX. Él, viudo, viste con sobriedad; ella, apenas de 26 años, mantiene una expresión serena y firme. No es posible conocer únicamente por la fotografía los sentimientos que los acompañaban ese día. Sin embargo, la historia que años después relató doña María Carmen permite contemplar esta imagen con una profundidad excepcional.
"Mi Mono hermoso"
Esta fotografía permaneció durante décadas sin ser reclamada en un antiguo archivo fotográfico de El Santuario. Fue recuperada y conservada como parte del patrimonio visual del municipio. Muchos años después, la imagen encontró nuevamente a su protagonista.
Al verla por primera vez desde el día de su matrimonio, doña María Carmen Quintero Montes rompió en llanto. Apenas podía repetir una frase mientras besaba la fotografía: "Mi Mono... mi Mono hermoso."
Don Eladio Orozco Gómez, nacido en El Santuario en 1905, era hijo de Rafael Orozco y Hortensia Gómez. Había enviudado de Filomena Ramírez cuando conoció a María Carmen Quintero Montes, hija de Fidel Quintero y María Jesús Montes.
Ella tenía 26 años, una edad poco frecuente para que una mujer santuariana permaneciera soltera, pues en aquella época muchas contraían matrimonio siendo aún adolescentes. Él le llevaba varios años de diferencia y ya conocía el peso de la viudez.
Su historia comenzó de la forma más sencilla: María Carmen lo veía pasar todos los días frente a su casa. Sabía quién era, pero casi no hablaban. Se miraban en silencio. Hasta que un día él rompió ese silencio con una pregunta tan breve como decisiva: —"Carmén, ¿le hacemos?"
Ella respondió con la misma naturalidad campesina: —"Hagámole." Así empezó una vida compartida.
Con los años, doña María del Carmen recordaba con humor la inocencia con la que llegó al matrimonio. Decía que siempre creyó que casarse consistía simplemente en cocinar para el esposo y organizarle la ropa. Por eso le sorprendieron las demostraciones de cariño de don Eladio. Entre risas contaba que, para escapar de aquella situación que no comprendía del todo, se subía al zarzo de la casa. Desde abajo él insistía: —"Bajate de ahí, Carmen."
Y ella respondía: —"Yo, por ahora, no me voy a bajar."
Cuando le preguntaban cómo habían formado una familia, sonreía con la mezcla de pudor y ternura que solo dejan los años y contestaba: "Ahí nos fuimos conociendo."
Quizá la confesión más conmovedora llegó al final de su vida. Después de compartir décadas de matrimonio, confesó que todavía algunas noches despertaba sobresaltada con un mismo pensamiento: "¿A quién le dará Dios al Mono, cuando yo me muera?"
Hoy, esta fotografía ya no es únicamente el registro de un matrimonio. Es el testimonio silencioso de un amor nacido entre miradas, construido con paciencia, humor y respeto, y conservado durante toda una vida en la memoria de una mujer que vivió cien años, pero que nunca dejó de llamar a su esposo con el mismo nombre cariñoso:
"Mi Mono hermoso."
Matrimonio Botero Gómez
¿De cuántos pisos fue la torta?
23 de febrero de 1961
Esta fotografía, realizada por Antonio Botero, registra el matrimonio de Martín Emilio Botero Serna, hijo de Alberto Botero y Carmen Eva Serna, con Blanca Fabiola Gómez Serna, de 22 años, hija de Manuel José Gómez, conocido cariñosamente como "Cacao", y Laura Serna. La ceremonia fue celebrada por el padre Jairo Pineda.
Martín Emilio pertenecía a una familia profundamente ligada a uno de los oficios tradicionales de El Santuario. Al igual que su abuelo y su padre, ejerció el oficio de carnicero, actividad que durante generaciones hizo parte de la vida económica y cotidiana del municipio.
Antonio Botero eligió nuevamente el instante del corte de la torta, pero esta vez construyó una composición que parece rendir homenaje a la celebración misma: La pareja apenas inicia el corte.
Las manos permanecen unidas sobre el cuchillo mientras ambos observan con atención el primer trozo que está por separarse. Ninguno mira al fotógrafo. Toda la escena transmite una naturalidad que convierte el retrato en un momento vivido más que en una pose preparada.
Sin embargo, resulta imposible apartar la mirada de la extraordinaria torta nupcial.
Elevada sobre varias mesas para aumentar aún más su presencia, parece una pequeña obra de arquitectura efímera. Sus varios cuerpos superpuestos, las columnas ornamentales, las flores de azúcar y la pequeña pareja de novios colocada en el centro hablan del esmero con que era preparada una de las piezas más esperadas de toda boda.
En el Santuario existía una pregunta que resumía, entre sonrisas, la importancia social de una celebración matrimonial: "¿De cuántos pisos fue la torta?"
La respuesta no solo describía un postre. Era, en cierta forma, una medida popular del tamaño de la fiesta, del número de invitados y del esfuerzo realizado por las familias para celebrar el matrimonio.
La imagen conserva también una riqueza visual extraordinaria: El vestido de Blanca Fabiola refleja la transición estética que vivía la sociedad santuariana a comienzos de la década de 1960. De líneas sencillas y elegantes, con chaqueta ajustada, broche ornamental y falda recta, representa una moda influida por las nuevas tendencias urbanas, alejándose de los voluminosos vestidos ceremoniales de décadas anteriores. Su peinado cuidadosamente elaborado completa una elegancia sobria y moderna.
Martín Emilio viste un traje oscuro de impecable corte clásico, acompañado por una corbata discreta que armoniza con la sobriedad de toda la composición.
Detrás de la pareja, un espejo amplía visualmente el espacio y multiplica la presencia de la torta, mientras las cintas decorativas suspendidas sobre la pared recuerdan el ambiente festivo de la celebración. En el suelo, el antiguo piso entablado conserva las huellas de innumerables reuniones familiares, aportando una cálida sensación de hogar. A un lado, una sencilla planta ornamental equilibra la escena y añade un toque de frescura al conjunto.
Cada uno de estos elementos habla de una época en la que las celebraciones matrimoniales se preparaban con paciencia y dedicación, transformando por un día la sala de una casa en un elegante salón de recepción.
Más de seis décadas después, la fotografía continúa transmitiendo la misma serenidad. No solo documenta el matrimonio de Martín Emilio Botero Serna y Blanca Fabiola Gómez Serna. También conserva una costumbre que permanece viva en la memoria de muchos santuarianos: aquella curiosa manera de medir la importancia de una boda preguntando, con genuino interés: "¿De cuántos pisos fue la torta?"
Matrimonio Castaño Zuluaga
El "semiluto": la transición entre dos épocas
2 de junio de 1962
Esta fotografía, realizada por Antonio Botero, registra el matrimonio de José Jesús Castaño Ramírez, de 32 años, hijo de Jesús María Castaño y Dolores Ramírez, con Rosalba Zuluaga Zuluaga, de apenas 17 años, nacida en Granada e hija de Ramón Emilio Zuluaga y Judith Zuluaga. La ceremonia fue celebrada por el padre Marcos Gómez.
A primera vista, la imagen parece responder al modelo clásico de los retratos matrimoniales de comienzos de la década de 1960. Los esposos aparecen de pie, con una actitud serena y solemne, sobre el tradicional escenario de estudio construido por Antonio Botero mediante un telón pintado, una puerta de utilería y una cortina cuidadosamente dispuesta para aportar profundidad a la composición. Sin embargo, el verdadero interés de esta fotografía reside en un detalle que solo puede comprenderse desde la historia de las costumbres santuarianas.
Rosalba no viste de negro, como lo hicieron durante décadas muchas novias del municipio. Pero tampoco lleva todavía el vestido blanco que muy pronto terminaría imponiéndose. Su elegante vestido estampado de tonos oscuros representa lo que en El Santuario se conocía popularmente como el "semiluto" —o, en el lenguaje cotidiano de muchas familias, el "similuto"—, una etapa de transición entre la antigua tradición del vestido negro y la nueva estética nupcial que comenzaba a difundirse durante la década de 1960.
La fotografía se convierte así en el testimonio silencioso de un cambio cultural.
Las costumbres no desaparecen de un día para otro. Se transforman lentamente. Durante algunos años convivieron el negro, el semiluto y el blanco, reflejando una sociedad que conservaba muchas de sus tradiciones mientras empezaba a incorporar nuevas formas de celebrar el matrimonio.
Más allá de su interés histórico, la imagen posee una belleza profundamente humana.
Rosalba tenía apenas diecisiete años. Su rostro transmite una naturalidad que llama inmediatamente la atención. No parece buscar una pose estudiada ni una expresión solemne. Hay en su mirada una mezcla de juventud, serenidad y timidez que el fotógrafo supo conservar con admirable sensibilidad. La sencillez de su peinado, el collar de perlas, los zapatos blancos y el pequeño bolso que sostiene entre las manos completan una elegancia discreta, alejada de cualquier ostentación.
A su lado, José Jesús conserva la compostura característica de los hombres santuarianos de su generación. El sombrero negro de ala ancha, el traje oscuro y la corbata representan una forma de vestir que durante décadas fue inseparable de las grandes ocasiones familiares.
Antonio Botero construye una composición sobria y equilibrada: No necesita recurrir a grandes escenografías. Basta la presencia de los dos esposos para llenar completamente la fotografía. La fuerza visual nace precisamente de esa economía de elementos: dos personas, un telón, una puerta y una historia que comienza.
Sesenta años después, esta imagen conserva un valor excepcional porque documenta un momento de transición en la historia social de El Santuario. Entre el rigor del antiguo vestido negro y la luminosidad del vestido blanco, el llamado "semiluto" recuerda que las tradiciones evolucionan lentamente, dejando siempre un tiempo en el que el pasado y el futuro conviven en una misma fotografía.
Matrimonio Alzate Zuluaga
El fotógrafo dentro de la fotografía. 28 de agosto de 1961 "Don Antonio Botero (reflejado en el espejo) fotografiando el matrimonio."
Esta imagen registra el matrimonio de Pastor Hernando Álzate Giraldo, de 26 años, hijo de Justo Álzate y Carmen Giraldo, con Blanca Emma Zuluaga Pineda, de 20 años, hija de Manuel Zuluaga y Graciela Pineda. La ceremonia fue celebrada por el padre Alejandro Pineda. El instante elegido corresponde al tradicional corte de la torta nupcial. La pareja aparece con la serenidad propia de los retratos de estudio de la época, mientras una elegante decoración floral enmarca la escena. Sin embargo, el verdadero protagonista de esta fotografía permanece casi oculto. Al fondo, el espejo refleja a don Antonio Botero, autor de la imagen, trabajando con su cámara de gran formato. Gracias a ese reflejo accidental, el fotógrafo quedó incorporado a su propia obra, dejando un valioso testimonio del oficio fotográfico en El Santuario durante la década de 1960. Quien acostumbraba conservar la memoria de los demás terminó formando parte de ella.
Sesenta años después, el espejo sigue devolviendo la misma escena: una pareja que inicia su vida en común y, detrás de la cámara, el hombre que hizo posible que ese instante sobreviviera al tiempo.
Matrimonio Botero Gómez
Mayo 21 de 1949. Matrimonio de Marco Emilio Botero Gómez de 28 años, hijo de Abel Botero y Josefa Gómez, con Amelia Margarita Gómez Gómez, de 22 años e hija de Diego Gómez y Laura Gómez. Establecieron su hogar en la vereda de Portachuelo.
En esta fotografía llama mucho la atención el hecho de que el vestido de la novia sea negro. Un observador desprevenido creería que se trata de un signo de luto y, que por tanto, el matrimonio era una especie de muerte.
Sin embargo, este tipo de vestuario matrimonial era muy frecuente en El Santuario hasta mediados de la década del cincuenta. Esta costumbre fue instaurada por el párroco – _desde 1917 hasta 1962- monseñor Ignacio Botero, personaje de gran influencia dentro de la feligresía y quien solía decir, no se si inspirado en Schopenhauer, que la vida era, en esencia, sufrimiento y que el matrimonio era la manera de encontrar un compañero de viaje para sobre llevar las adversidades de la vida. Quizá esto hacía que los matrimonios de antes hayan sido tan resilientes.
El vestido negro de la novia
21 de mayo de 1949
Esta fotografía registra el matrimonio de Marco Emilio Botero Gómez, de 28 años, hijo de Abel Botero y Josefa Gómez, con Amelia Margarita Gómez Gómez, de 22 años, hija de Diego Gómez y Laura Gómez. Después de la ceremonia establecieron su hogar en la vereda de Portachuelo, donde comenzarían una nueva etapa de su vida.
La imagen sorprende por su extraordinaria sobriedad.
Los esposos aparecen de pie, enmarcados por la sencilla puerta de una vivienda campesina. No hay decorados ni artificios. Todo el protagonismo recae sobre la pareja. Marco Emilio viste un elegante traje cruzado de corte clásico y mantiene una postura firme y serena. Amelia Margarita sostiene un exuberante ramo de azucenas blancas, mientras el velo, las flores del peinado, los guantes y el collar de perlas aportan delicadeza a una composición dominada por la sencillez.
Sin embargo, el detalle que más llama la atención al observador contemporáneo es el color del vestido de la novia.
Lejos del blanco que hoy asociamos casi de manera automática con el matrimonio, Amelia Margarita viste un traje negro.
A primera vista podría interpretarse como un signo de duelo o de tristeza. Nada más distante de la realidad.
Hasta mediados de la década de 1950 era relativamente frecuente que muchas novias santuarianas contrajeran matrimonio vestidas de negro. Esta costumbre fue promovida durante el largo ministerio de monseñor Ignacio Botero, párroco de El Santuario entre 1917 y 1962, una de las figuras religiosas más influyentes en la historia del municipio.
La tradición oral recuerda que el sacerdote acostumbraba repetir una reflexión que sintetizaba su concepción profundamente cristiana y austera de la existencia: la vida estaba inevitablemente marcada por el sufrimiento, y el matrimonio no era la búsqueda de una felicidad sin sombras, sino la decisión de encontrar un compañero con quien recorrer juntos ese camino.
Vista desde esa perspectiva, el vestido negro no simbolizaba la muerte del amor, sino la conciencia de que amar significaba compartir las cargas de la vida con fidelidad, paciencia y esperanza.
Quizá por ello estas uniones se fundaban sobre una idea del matrimonio muy distinta a la actual. Más que una celebración de un solo día, eran concebidas como un compromiso para toda la vida, construido sobre el trabajo compartido, la fe y la capacidad de afrontar juntos la adversidad.
Las azucenas blancas que Amelia Margarita sostiene entre sus manos parecen dialogar silenciosamente con el color oscuro de su vestido. La pureza de las flores y la sobriedad del atuendo expresan una misma idea: el matrimonio no era entendido como una promesa de felicidad permanente, sino como el comienzo de una vida compartida, aceptada con serenidad y responsabilidad.
Hoy, esta fotografía constituye mucho más que el retrato de dos jóvenes recién casados. Es el testimonio de una época en la que la fe, las costumbres y la vida cotidiana dieron al matrimonio un significado que hoy puede parecer lejano, pero que ayudó a moldear la historia de numerosas familias santuarianas.
Matrimonio Zuluaga López
El comienzo de un camino compartido
26 de febrero de 1965
En el corredor de una antigua casa de El Santuario, mientras la luz de la mañana se filtra suavemente entre los muros y las columnas, una joven pareja realiza uno de los gestos más tradicionales de toda celebración matrimonial: el primer corte de la torta.
El fotógrafo Antonio Botero eligió el instante con extraordinaria sensibilidad. Los protagonistas parecen olvidarse de la presencia de la cámara. Sus miradas no buscan al fotógrafo ni al espectador; permanecen concentradas en el sencillo acto que simboliza el inicio de una vida en común.
Los recién casados son Jorge Augusto Zuluaga Gómez, de 23 años, hijo de Miguel Ángel Zuluaga y Teresa Gómez, y Berta Lía López, quienes contrajeron matrimonio el 26 de febrero de 1965, en Alejandría, Antioquia. Jorge Augusto ejercía como maestro en varios municipios del Oriente antioqueño. Es muy probable que el destino quisiera que, precisamente en el ejercicio de esa vocación, encontrara a quien habría de convertirse en su compañera de vida.
La fotografía posee una elegancia poco común: El estrecho corredor colonial se convierte en un escenario natural donde cada elemento parece ocupar el lugar exacto: las columnas, la puerta del fondo, las plantas ornamentales y la delicada torta de varios niveles construyen una composición serena y perfectamente equilibrada.
Entre todos los detalles destaca uno que hoy resulta especialmente llamativo: Berta Lía lleva puestas unas gafas oscuras, un accesorio poco frecuente en los retratos matrimoniales de la época. Lejos de romper la solemnidad de la escena, aportan una sorprendente modernidad y recuerdan la transformación estética que comenzaba a vivir la sociedad colombiana durante la década de 1960.
La imagen parece situarse justamente en el punto de encuentro entre dos mundos: La arquitectura, la ceremonia religiosa y las tradiciones familiares pertenecen aún a una sociedad profundamente conservadora. Pero el vestido de corte moderno, el peinado, las gafas y la naturalidad de la escena anuncian una generación que empezaba a mirar el futuro con otros horizontes.
Quizá por eso esta fotografía transmite una sensación tan distinta a la de muchos retratos matrimoniales anteriores.
No hay rigidez, no hay poses ceremoniales. Solo dos jóvenes que, casi ajenos a la presencia del fotógrafo, comienzan a compartir un gesto cotidiano que, con el paso del tiempo, terminaría simbolizando toda una vida juntos.
Sesenta años después, la imagen sigue conservando la misma serenidad. El corredor permanece inmóvil, la torta continúa intacta y las manos de los esposos siguen unidas sobre el cuchillo. Antonio Botero consiguió detener un instante que, más que un recuerdo, parece el comienzo silencioso de una historia.
Matrimonio Pineda Jimenez
30 de enero de 1965
Esta elegante fotografía, realizada por Antonio Botero, registra el matrimonio de Liborio Pineda Zuluaga, de 39 años, hijo de Luis Pineda y María del Carmen Zuluaga, con Elvia Jiménez Mejía, de 30 años, hija de Roberto Jiménez e Isabel Mejía.
La imagen recoge uno de los momentos más tradicionales de toda celebración nupcial: el corte de la torta. Sin embargo, su verdadero valor histórico no reside únicamente en ese instante, sino en un detalle que hoy podría parecer insignificante: El vestido de la novia es blanco.
Durante buena parte de la primera mitad del siglo XX, numerosas novias santuarianas contrajeron matrimonio vistiendo de negro, siguiendo una costumbre profundamente arraigada en la espiritualidad local y promovida durante décadas por el párroco monseñor Ignacio Botero. Aquellos vestidos oscuros expresaban una visión austera del matrimonio, entendido como una alianza para recorrer juntos las alegrías y las dificultades de la existencia.
Esta fotografía marca el comienzo de una nueva época.
El delicado vestido blanco de encaje que luce Elvia Jiménez refleja la llegada de nuevas sensibilidades y de costumbres que poco a poco transformaban las ceremonias matrimoniales en El Santuario. El blanco comenzaba a imponerse como símbolo de la celebración nupcial, siguiendo una tendencia que ya se había consolidado en otras regiones del país.
La composición revela, además, la madurez artística de Antonio Botero: No existe ningún elemento superfluo. Los esposos ocupan discretamente el lado izquierdo de la imagen, dejando que el amplio espacio del muro conduzca la mirada hacia un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, colocado exactamente sobre ellos. Más que un simple elemento decorativo, la pintura parece extender su presencia sobre la pareja, convirtiéndose en el eje espiritual de toda la escena.
Mientras las manos de los recién casados se unen sobre el cuchillo que corta la torta, la imagen de Cristo permanece silenciosa, como un testigo que preside el comienzo de una nueva familia.
La mesa, cubierta por un elegante mantel de terciopelo con encajes y flecos, sostiene una torta de dos niveles delicadamente adornada con flores y cintas. Todo transmite orden, serenidad y sobriedad, cualidades que caracterizaron buena parte de la fotografía social santuariana durante la década de 1960.
También llaman la atención las expresiones de los esposos: No miran a la cámara. Ambos dirigen la vista hacia el mismo punto: el cuchillo que lentamente comienza a dividir la torta. Ese pequeño gesto compartido convierte una fotografía ceremonial en una escena íntima, casi doméstica, donde el protagonismo no pertenece al fotógrafo, sino al instante que viven los recién casados.
Sesenta años después, esta imagen conserva intacta su belleza.
No solo documenta el matrimonio de Liborio Pineda Zuluaga y Elvia Jiménez Mejía. También testimonia el momento en que las tradiciones matrimoniales santuarianas comenzaban a transformarse. Entre el vestido negro de las generaciones anteriores y el blanco que hoy asociamos naturalmente con la novia, esta fotografía ocupa un lugar privilegiado en la historia visual del municipio.
The full English script for this room is being prepared. The Spanish version above is the source text used for the recording.
Durante buena parte del siglo XX, los matrimonios en El Santuario se celebraban siguiendo tradiciones muy particulares.
Era común que los novios vistieran trajes oscuros tipo sastre. Esta costumbre estaba relacionada con la idea, promovida por Monseñor Ignacio Botero, de que el matrimonio acompañaba a la pareja en una vida que también tendría momentos de sacrificio y dificultad.
Algunas parejas combinaban el blanco y el negro, conocido como semi-luto, como una manera de representar que la vida también tenía momentos de alegría.
Las bodas solían realizarse muy temprano en la mañana, debido al ayuno eucarístico que debían guardar los novios antes de recibir el sacramento.
Pero no todos siguieron las tradiciones. En la parte superior encontramos una pareja que decidió casarse de noche y vestir de gala, desafiando las costumbres de su época. Una imagen que nos recuerda que las tradiciones también cambian con cada generación.
Matrimonio Serna Gómez
Cuando el sol apenas comenzaba a vencer la neblina de la madrugada, don Miguel Antonio SernaGómez y doña Blanca Fabiola Zuluaga Gómez iniciaban el tradicional desfile matrimonial por las calles de El Santuario.
La fotografía fue realizada por Antonio Botero hacia las seis de la mañana, en la esquina de la Casa Cural y la Farmacia Santa Cruz, sobre la calle 50, José María Córdova. Aunque la hora era temprana,el pueblo ya estaba despierto. Niños descalzos, muchachas vestidas para la ocasión, hombres con sombrero, mujeres que observan desde las aceras y vecinos que interrumpen por unos minutos sus labores forman espontáneamente el escenario humano de la fotografía. Nadie parece indiferente al paso de los recién casados. En aquella época, un matrimonio no era únicamente un acontecimiento familiar: era también un acontecimiento del pueblo. La imagen conserva, además, un valioso registro del paisaje urbano santuariano. Al fondo se distingue la esquina sur del costado occidental del parque principal, donde se encontraba la casa de don Julio Giraldo. En este edificio funcionó durante algún tiempo la Escuela Industrial y, años después, se levantaría allí el Teatro JoséMaría Córdova, uno de los espacios culturales más recordados por varias generaciones de santuarianos. También puede apreciarse parte del costado sur de la plaza principal, todavía envuelto por la neblina matinal, mientras algunos automóviles permanecen estacionados silenciosamente en el parque. Más allá del matrimonio que documenta, esta fotografía conserva un instante irrepetible de la vida cotidiana de El Santuario. Cada rostro que observa desde la acera, cada niño que mira con curiosidad y cada edificio del fondo narran una historia distinta. Juntas, esas pequeñas historias construyen el retrato de un pueblo que todavía vivía sus alegrías de manera colectiva.Sesenta años después, la neblina de aquella mañana se ha disipado hace mucho tiempo. Sin embargo, gracias al lente de Antonio Botero, permanece intacto el recuerdo de un pueblo que salióa la calle para acompañar el comienzo de una nueva vida.
Matrimonio Gómez Giraldo
Fotografía Captada por Don Antonio Botero el 25 de julio de 1958, con motivo del matrimonio de Don Luis Ángel Gómez Ramírez y Doña Helda Myriam Giraldo Gómez. El pertenece a la familia Gómez que, popularmente, son conocidos como “Los Salteños”. Ella, por su parte, es de los Giraldo conocidos como “Avelinos”. De este matrimonio nacieron, entre otros, el Doctor Oscar Gómez, prolífico escritor; Ancizar Gómez, recordado cantinero y Raúl Gómez Giraldo, exalcalde municipal.
Matrimonio Zuluaga Aristizábal
La elegancia de un pequeño pueblo
27 de diciembre de 1928
Esta extraordinaria fotografía fue realizada por Floro Ezequiel Zuluaga con motivo del matrimonio de Francisco Zuluaga Salazar, conocido cariñosamente como "el maestro Pacho", hijo de Alcandro Zuluaga y Bertilda Salazar, con Julia Rosa Aristizábal Ramírez, hija de Francisco Aristizábal y Clara Rosa Ramírez.
La ceremonia fue celebrada por monseñor Ignacio Botero, párroco de El Santuario entre 1917 y 1962, figura profundamente vinculada a la vida religiosa y social del municipio.
La imagen sorprende por su extraordinaria modernidad.
Aunque fue tomada en un pequeño pueblo del Oriente antioqueño, bien podría confundirse con unretrato realizado en un gran estudio fotográfico de Medellín, Buenos Aires o incluso Nueva York. La delicadeza de la iluminación, el fondo neutro, el encuadre cercano y el refinamiento del vestuario producen una imagen de notable elegancia.
No resulta difícil imaginar una escena de las películas de Charles Chaplin o del cine mudo de finales de los años veinte. Julia Rosa aparece con un sofisticado sombrero tipo cloche, uno de los símbolos más representativos de la moda femenina internacional durante aquella década. Las delicadas perlas, los pendientes, el vestido de líneas sencillas y el maquillaje discreto reflejan una mujer plenamente integrada a las tendencias estéticas de su tiempo.
A su lado, Francisco viste un impecable traje de tres piezas, cuello alto, corbata asegurada con pasador y un elegante reloj de bolsillo cuya cadena apenas asoma sobre el chaleco. Su peinado cuidadosamente marcado y el fino bigote completan una imagen de impecable distinción. Nada parece improvisado: Cada detalle habla del respeto que los santuarianos otorgaban a los acontecimientos más importantes de la vida. Esta fotografía demuestra que la elegancia nunca ha dependido del tamaño de una ciudad ni de la riqueza de sus habitantes. A pesar de las limitaciones económicas propias de una población rural de comienzos del siglo XX, las familias santuarianas procuraban vestir con el mayor esmero para las grandes celebraciones. La boda era una ocasión excepcional, y presentarse dignamente ante la comunidad y ante la cámara formaba parte de la importancia del acontecimiento.Quizá por ello no resulta casual que, hasta nuestros días, El Santuario conserve una profunda cultura de la presentación personal. Salones de belleza, almacenes de moda, estudios fotográficos y empresas dedicadas a los eventos sociales continúan siendo parte importante de la vida económica y cultural del municipio. Más que una simple actividad comercial, representan la continuidad de una tradición centenaria que entiende las celebraciones familiares como momentos dignos de ser recordados con belleza. Floro Ezequiel Zuluaga comprendía perfectamente esa sensibilidad. Lejos de recargar la escena con muebles o elementos decorativos, eligió un fondo sobrio que permite concentrar toda la atención en los rostros de los esposos. La proximidad del encuadre elimina cualquier distracción y convierte la fotografía en un estudio de la expresión humana. Las miradas son serenas, casi introspectivas.
No sonríen.
Como ocurría en la fotografía de estudio de la época, la solemnidad era considerada una forma de respeto hacia el momento que quedaba registrado para la posteridad.
Noventa y siete años después, la imagen continúa sorprendiendo por su actualidad. Más que una fotografía antigua, parece un retrato atemporal, capaz de dialogar con cualquier época. En ella se reconoce una cualidad que ha acompañado durante generaciones a los habitantes de El Santuario:
la convicción de que los momentos importantes de la vida merecen ser vividos —y también recordados— con elegancia.
Matrimonio Serna Gómez
Entre la tradición y la modernidad
21 de mayo de 1959
Esta fotografía fue realizada por Antonio Botero con motivo del matrimonio de Pedro Enrique Serna Gómez, de 33 años, hijo de Luis Serna y Rosario Gómez, con Mariela Gómez Serna, de 23 años, hija de Manuel José Gómez, conocido en El Santuario como "Cacao", y Laura Serna. La ceremonia fue celebrada por el padre Francisco Luis Gómez.A primera vista, la imagen transmite una profunda serenidad: No hay gestos exagerados ni poses teatrales. Los esposos permanecen inmóviles frente a la cámara, como era costumbre en la fotografía social de la época. La expresión contenida de ambos no debe interpretarse como frialdad. Durante buena parte del siglo XX, el retrato formal buscaba proyectar respeto, dignidad y solemnidad, cualidades consideradas apropiadas para uno de los acontecimientos más importantes de la vida.
Antonio Botero demuestra aquí una notable sensibilidad para la composición: El fondo pintado, discretamente desenfocado, apenas insinúa un paisaje. La vieja puerta del estudio y el piso entablado aportan profundidad sin competir con los protagonistas. Todo parece dispuesto para que ninguna distracción aparte la mirada de la pareja.
Pedro Enrique conserva la elegancia característica de los hombres santuarianos de finales de la década de 1950. El sombrero de ala ancha, el traje oscuro cuidadosamente confeccionado, la corbata estampada con pisacorbata y los zapatos impecablemente lustrados hablan de una generación que entendía el vestir como una expresión de respeto hacia la ceremonia y hacia quienes la compartían.
A su lado, Mariela introduce discretamente los nuevos aires de la moda femenina: Su vestido blanco, de mangas cortas abullonadas y delicados pliegues en el pecho, conserva la sencillez propia de la época, pero rompe definitivamente con la antigua tradición del vestido negro que durante décadas había caracterizado muchos matrimonios santuarianos. Un ancho lazo oscuro ciñe la cintura, creando un elegante contraste que dota de personalidad al conjunto. El pequeño bolso de mano, los zapatos de tacón claro, el reloj de pulsera y las discretas joyas completan una imagen de refinada sobriedad.
Hay, además, un detalle que habla silenciosamente de los cambios sociales que comenzaban a vivirse: Mariela ya no aparece vestida exclusivamente para cumplir una tradición religiosa. Su atuendo refleja también una mujer joven que incorpora las nuevas tendencias de la moda de finales de los años cincuenta, cuando la elegancia empezaba a dialogar con una mayor libertad estética. La postura de ambos resulta especialmente significativa: Ella toma con suavidad el brazo de su esposo, mientras él mantiene una posición firme y serena. No existe rigidez entre los dos; tampoco una exhibición deliberada de afecto. Basta ese sencillo gesto para expresar la confianza y el compromiso con el que iniciaban una vida en común.
Más de seis décadas después, esta fotografía continúa siendo un magnífico retrato de una generación que vivió entre dos mundos. En ella aún sobreviven la solemnidad heredada de las costumbres tradicionales, pero ya comienzan a abrirse paso las nuevas formas de vestir, de celebrar y de representar el matrimonio que marcarían los años sesenta.
Como ocurre con muchas de las obras de Antonio Botero, la grandeza de esta imagen reside precisamente en su sencillez. No necesita grandes escenografías ni elementos ornamentales. Dos personas, un fondo cuidadosamente dispuesto y la luz precisa bastan para construir un retrato que conserva intacta la dignidad de sus protagonistas y la elegancia de toda una época.
Matrimonio Orozco Quintero
30 de abril de 1956 matrimonio de Eladio Orozco, de 51 años; viudo de Filomena Ramírez e hijo de Rafael Orozco y Hortensia Gómez con María Carmen Quintero, de 31 años e hija de Fidel Quintero y María Jesús Montes. Los casó Monseñor Ignacio Botero
En esta fotografía tomada por Don Antonio Botero, Don Eladio Orozco Gómez (1905-1974) y María del Carmen Emilia Quintero Montes parecen posar con la solemnidad propia de los retratos de matrimonio de mediados del siglo XX. Él, viudo, viste con sobriedad; ella, apenas de 26 años, mantiene una expresión serena y firme. No es posible conocer únicamente por la fotografía los sentimientos que los acompañaban ese día. Sin embargo, la historia que años después relató doña María Carmen permite contemplar esta imagen con una profundidad excepcional.
"Mi Mono hermoso"
Esta fotografía permaneció durante décadas sin ser reclamada en un antiguo archivo fotográfico de El Santuario. Fue recuperada y conservada como parte del patrimonio visual del municipio. Muchos años después, la imagen encontró nuevamente a su protagonista.
Al verla por primera vez desde el día de su matrimonio, doña María Carmen Quintero Montes rompió en llanto. Apenas podía repetir una frase mientras besaba la fotografía: "Mi Mono... mi Mono hermoso."
Don Eladio Orozco Gómez, nacido en El Santuario en 1905, era hijo de Rafael Orozco y Hortensia Gómez. Había enviudado de Filomena Ramírez cuando conoció a María Carmen Quintero Montes, hija de Fidel Quintero y María Jesús Montes.
Ella tenía 26 años, una edad poco frecuente para que una mujer santuariana permaneciera soltera, pues en aquella época muchas contraían matrimonio siendo aún adolescentes. Él le llevaba varios años de diferencia y ya conocía el peso de la viudez.
Su historia comenzó de la forma más sencilla: María Carmen lo veía pasar todos los días frente a su casa. Sabía quién era, pero casi no hablaban. Se miraban en silencio. Hasta que un día él rompió ese silencio con una pregunta tan breve como decisiva: —"Carmén, ¿le hacemos?"
Ella respondió con la misma naturalidad campesina: —"Hagámole." Así empezó una vida compartida.
Con los años, doña María del Carmen recordaba con humor la inocencia con la que llegó al matrimonio. Decía que siempre creyó que casarse consistía simplemente en cocinar para el esposo y organizarle la ropa. Por eso le sorprendieron las demostraciones de cariño de don Eladio. Entre risas contaba que, para escapar de aquella situación que no comprendía del todo, se subía al zarzo de la casa. Desde abajo él insistía: —"Bajate de ahí, Carmen."
Y ella respondía: —"Yo, por ahora, no me voy a bajar."
Cuando le preguntaban cómo habían formado una familia, sonreía con la mezcla de pudor y ternura que solo dejan los años y contestaba: "Ahí nos fuimos conociendo."
Quizá la confesión más conmovedora llegó al final de su vida. Después de compartir décadas de matrimonio, confesó que todavía algunas noches despertaba sobresaltada con un mismo pensamiento: "¿A quién le dará Dios al Mono, cuando yo me muera?"
Hoy, esta fotografía ya no es únicamente el registro de un matrimonio. Es el testimonio silencioso de un amor nacido entre miradas, construido con paciencia, humor y respeto, y conservado durante toda una vida en la memoria de una mujer que vivió cien años, pero que nunca dejó de llamar a su esposo con el mismo nombre cariñoso:
"Mi Mono hermoso."
Matrimonio Botero Gómez
¿De cuántos pisos fue la torta?
23 de febrero de 1961
Esta fotografía, realizada por Antonio Botero, registra el matrimonio de Martín Emilio Botero Serna, hijo de Alberto Botero y Carmen Eva Serna, con Blanca Fabiola Gómez Serna, de 22 años, hija de Manuel José Gómez, conocido cariñosamente como "Cacao", y Laura Serna. La ceremonia fue celebrada por el padre Jairo Pineda.
Martín Emilio pertenecía a una familia profundamente ligada a uno de los oficios tradicionales de El Santuario. Al igual que su abuelo y su padre, ejerció el oficio de carnicero, actividad que durante generaciones hizo parte de la vida económica y cotidiana del municipio.
Antonio Botero eligió nuevamente el instante del corte de la torta, pero esta vez construyó una composición que parece rendir homenaje a la celebración misma: La pareja apenas inicia el corte.
Las manos permanecen unidas sobre el cuchillo mientras ambos observan con atención el primer trozo que está por separarse. Ninguno mira al fotógrafo. Toda la escena transmite una naturalidad que convierte el retrato en un momento vivido más que en una pose preparada.
Sin embargo, resulta imposible apartar la mirada de la extraordinaria torta nupcial.
Elevada sobre varias mesas para aumentar aún más su presencia, parece una pequeña obra de arquitectura efímera. Sus varios cuerpos superpuestos, las columnas ornamentales, las flores de azúcar y la pequeña pareja de novios colocada en el centro hablan del esmero con que era preparada una de las piezas más esperadas de toda boda.
En el Santuario existía una pregunta que resumía, entre sonrisas, la importancia social de una celebración matrimonial: "¿De cuántos pisos fue la torta?"
La respuesta no solo describía un postre. Era, en cierta forma, una medida popular del tamaño de la fiesta, del número de invitados y del esfuerzo realizado por las familias para celebrar el matrimonio.
La imagen conserva también una riqueza visual extraordinaria: El vestido de Blanca Fabiola refleja la transición estética que vivía la sociedad santuariana a comienzos de la década de 1960. De líneas sencillas y elegantes, con chaqueta ajustada, broche ornamental y falda recta, representa una moda influida por las nuevas tendencias urbanas, alejándose de los voluminosos vestidos ceremoniales de décadas anteriores. Su peinado cuidadosamente elaborado completa una elegancia sobria y moderna.
Martín Emilio viste un traje oscuro de impecable corte clásico, acompañado por una corbata discreta que armoniza con la sobriedad de toda la composición.
Detrás de la pareja, un espejo amplía visualmente el espacio y multiplica la presencia de la torta, mientras las cintas decorativas suspendidas sobre la pared recuerdan el ambiente festivo de la celebración. En el suelo, el antiguo piso entablado conserva las huellas de innumerables reuniones familiares, aportando una cálida sensación de hogar. A un lado, una sencilla planta ornamental equilibra la escena y añade un toque de frescura al conjunto.
Cada uno de estos elementos habla de una época en la que las celebraciones matrimoniales se preparaban con paciencia y dedicación, transformando por un día la sala de una casa en un elegante salón de recepción.
Más de seis décadas después, la fotografía continúa transmitiendo la misma serenidad. No solo documenta el matrimonio de Martín Emilio Botero Serna y Blanca Fabiola Gómez Serna. También conserva una costumbre que permanece viva en la memoria de muchos santuarianos: aquella curiosa manera de medir la importancia de una boda preguntando, con genuino interés: "¿De cuántos pisos fue la torta?"
Matrimonio Castaño Zuluaga
El "semiluto": la transición entre dos épocas
2 de junio de 1962
Esta fotografía, realizada por Antonio Botero, registra el matrimonio de José Jesús Castaño Ramírez, de 32 años, hijo de Jesús María Castaño y Dolores Ramírez, con Rosalba Zuluaga Zuluaga, de apenas 17 años, nacida en Granada e hija de Ramón Emilio Zuluaga y Judith Zuluaga. La ceremonia fue celebrada por el padre Marcos Gómez.
A primera vista, la imagen parece responder al modelo clásico de los retratos matrimoniales de comienzos de la década de 1960. Los esposos aparecen de pie, con una actitud serena y solemne, sobre el tradicional escenario de estudio construido por Antonio Botero mediante un telón pintado, una puerta de utilería y una cortina cuidadosamente dispuesta para aportar profundidad a la composición. Sin embargo, el verdadero interés de esta fotografía reside en un detalle que solo puede comprenderse desde la historia de las costumbres santuarianas.
Rosalba no viste de negro, como lo hicieron durante décadas muchas novias del municipio. Pero tampoco lleva todavía el vestido blanco que muy pronto terminaría imponiéndose. Su elegante vestido estampado de tonos oscuros representa lo que en El Santuario se conocía popularmente como el "semiluto" —o, en el lenguaje cotidiano de muchas familias, el "similuto"—, una etapa de transición entre la antigua tradición del vestido negro y la nueva estética nupcial que comenzaba a difundirse durante la década de 1960.
La fotografía se convierte así en el testimonio silencioso de un cambio cultural.
Las costumbres no desaparecen de un día para otro. Se transforman lentamente. Durante algunos años convivieron el negro, el semiluto y el blanco, reflejando una sociedad que conservaba muchas de sus tradiciones mientras empezaba a incorporar nuevas formas de celebrar el matrimonio.
Más allá de su interés histórico, la imagen posee una belleza profundamente humana.
Rosalba tenía apenas diecisiete años. Su rostro transmite una naturalidad que llama inmediatamente la atención. No parece buscar una pose estudiada ni una expresión solemne. Hay en su mirada una mezcla de juventud, serenidad y timidez que el fotógrafo supo conservar con admirable sensibilidad. La sencillez de su peinado, el collar de perlas, los zapatos blancos y el pequeño bolso que sostiene entre las manos completan una elegancia discreta, alejada de cualquier ostentación.
A su lado, José Jesús conserva la compostura característica de los hombres santuarianos de su generación. El sombrero negro de ala ancha, el traje oscuro y la corbata representan una forma de vestir que durante décadas fue inseparable de las grandes ocasiones familiares.
Antonio Botero construye una composición sobria y equilibrada: No necesita recurrir a grandes escenografías. Basta la presencia de los dos esposos para llenar completamente la fotografía. La fuerza visual nace precisamente de esa economía de elementos: dos personas, un telón, una puerta y una historia que comienza.
Sesenta años después, esta imagen conserva un valor excepcional porque documenta un momento de transición en la historia social de El Santuario. Entre el rigor del antiguo vestido negro y la luminosidad del vestido blanco, el llamado "semiluto" recuerda que las tradiciones evolucionan lentamente, dejando siempre un tiempo en el que el pasado y el futuro conviven en una misma fotografía.
Matrimonio Alzate Zuluaga
El fotógrafo dentro de la fotografía. 28 de agosto de 1961 "Don Antonio Botero (reflejado en el espejo) fotografiando el matrimonio."
Esta imagen registra el matrimonio de Pastor Hernando Álzate Giraldo, de 26 años, hijo de Justo Álzate y Carmen Giraldo, con Blanca Emma Zuluaga Pineda, de 20 años, hija de Manuel Zuluaga y Graciela Pineda. La ceremonia fue celebrada por el padre Alejandro Pineda. El instante elegido corresponde al tradicional corte de la torta nupcial. La pareja aparece con la serenidad propia de los retratos de estudio de la época, mientras una elegante decoración floral enmarca la escena. Sin embargo, el verdadero protagonista de esta fotografía permanece casi oculto. Al fondo, el espejo refleja a don Antonio Botero, autor de la imagen, trabajando con su cámara de gran formato. Gracias a ese reflejo accidental, el fotógrafo quedó incorporado a su propia obra, dejando un valioso testimonio del oficio fotográfico en El Santuario durante la década de 1960. Quien acostumbraba conservar la memoria de los demás terminó formando parte de ella.
Sesenta años después, el espejo sigue devolviendo la misma escena: una pareja que inicia su vida en común y, detrás de la cámara, el hombre que hizo posible que ese instante sobreviviera al tiempo.
Matrimonio Botero Gómez
Mayo 21 de 1949. Matrimonio de Marco Emilio Botero Gómez de 28 años, hijo de Abel Botero y Josefa Gómez, con Amelia Margarita Gómez Gómez, de 22 años e hija de Diego Gómez y Laura Gómez. Establecieron su hogar en la vereda de Portachuelo.
En esta fotografía llama mucho la atención el hecho de que el vestido de la novia sea negro. Un observador desprevenido creería que se trata de un signo de luto y, que por tanto, el matrimonio era una especie de muerte.
Sin embargo, este tipo de vestuario matrimonial era muy frecuente en El Santuario hasta mediados de la década del cincuenta. Esta costumbre fue instaurada por el párroco – _desde 1917 hasta 1962- monseñor Ignacio Botero, personaje de gran influencia dentro de la feligresía y quien solía decir, no se si inspirado en Schopenhauer, que la vida era, en esencia, sufrimiento y que el matrimonio era la manera de encontrar un compañero de viaje para sobre llevar las adversidades de la vida. Quizá esto hacía que los matrimonios de antes hayan sido tan resilientes.
El vestido negro de la novia
21 de mayo de 1949
Esta fotografía registra el matrimonio de Marco Emilio Botero Gómez, de 28 años, hijo de Abel Botero y Josefa Gómez, con Amelia Margarita Gómez Gómez, de 22 años, hija de Diego Gómez y Laura Gómez. Después de la ceremonia establecieron su hogar en la vereda de Portachuelo, donde comenzarían una nueva etapa de su vida.
La imagen sorprende por su extraordinaria sobriedad.
Los esposos aparecen de pie, enmarcados por la sencilla puerta de una vivienda campesina. No hay decorados ni artificios. Todo el protagonismo recae sobre la pareja. Marco Emilio viste un elegante traje cruzado de corte clásico y mantiene una postura firme y serena. Amelia Margarita sostiene un exuberante ramo de azucenas blancas, mientras el velo, las flores del peinado, los guantes y el collar de perlas aportan delicadeza a una composición dominada por la sencillez.
Sin embargo, el detalle que más llama la atención al observador contemporáneo es el color del vestido de la novia.
Lejos del blanco que hoy asociamos casi de manera automática con el matrimonio, Amelia Margarita viste un traje negro.
A primera vista podría interpretarse como un signo de duelo o de tristeza. Nada más distante de la realidad.
Hasta mediados de la década de 1950 era relativamente frecuente que muchas novias santuarianas contrajeran matrimonio vestidas de negro. Esta costumbre fue promovida durante el largo ministerio de monseñor Ignacio Botero, párroco de El Santuario entre 1917 y 1962, una de las figuras religiosas más influyentes en la historia del municipio.
La tradición oral recuerda que el sacerdote acostumbraba repetir una reflexión que sintetizaba su concepción profundamente cristiana y austera de la existencia: la vida estaba inevitablemente marcada por el sufrimiento, y el matrimonio no era la búsqueda de una felicidad sin sombras, sino la decisión de encontrar un compañero con quien recorrer juntos ese camino.
Vista desde esa perspectiva, el vestido negro no simbolizaba la muerte del amor, sino la conciencia de que amar significaba compartir las cargas de la vida con fidelidad, paciencia y esperanza.
Quizá por ello estas uniones se fundaban sobre una idea del matrimonio muy distinta a la actual. Más que una celebración de un solo día, eran concebidas como un compromiso para toda la vida, construido sobre el trabajo compartido, la fe y la capacidad de afrontar juntos la adversidad.
Las azucenas blancas que Amelia Margarita sostiene entre sus manos parecen dialogar silenciosamente con el color oscuro de su vestido. La pureza de las flores y la sobriedad del atuendo expresan una misma idea: el matrimonio no era entendido como una promesa de felicidad permanente, sino como el comienzo de una vida compartida, aceptada con serenidad y responsabilidad.
Hoy, esta fotografía constituye mucho más que el retrato de dos jóvenes recién casados. Es el testimonio de una época en la que la fe, las costumbres y la vida cotidiana dieron al matrimonio un significado que hoy puede parecer lejano, pero que ayudó a moldear la historia de numerosas familias santuarianas.
Matrimonio Zuluaga López
El comienzo de un camino compartido
26 de febrero de 1965
En el corredor de una antigua casa de El Santuario, mientras la luz de la mañana se filtra suavemente entre los muros y las columnas, una joven pareja realiza uno de los gestos más tradicionales de toda celebración matrimonial: el primer corte de la torta.
El fotógrafo Antonio Botero eligió el instante con extraordinaria sensibilidad. Los protagonistas parecen olvidarse de la presencia de la cámara. Sus miradas no buscan al fotógrafo ni al espectador; permanecen concentradas en el sencillo acto que simboliza el inicio de una vida en común.
Los recién casados son Jorge Augusto Zuluaga Gómez, de 23 años, hijo de Miguel Ángel Zuluaga y Teresa Gómez, y Berta Lía López, quienes contrajeron matrimonio el 26 de febrero de 1965, en Alejandría, Antioquia. Jorge Augusto ejercía como maestro en varios municipios del Oriente antioqueño. Es muy probable que el destino quisiera que, precisamente en el ejercicio de esa vocación, encontrara a quien habría de convertirse en su compañera de vida.
La fotografía posee una elegancia poco común: El estrecho corredor colonial se convierte en un escenario natural donde cada elemento parece ocupar el lugar exacto: las columnas, la puerta del fondo, las plantas ornamentales y la delicada torta de varios niveles construyen una composición serena y perfectamente equilibrada.
Entre todos los detalles destaca uno que hoy resulta especialmente llamativo: Berta Lía lleva puestas unas gafas oscuras, un accesorio poco frecuente en los retratos matrimoniales de la época. Lejos de romper la solemnidad de la escena, aportan una sorprendente modernidad y recuerdan la transformación estética que comenzaba a vivir la sociedad colombiana durante la década de 1960.
La imagen parece situarse justamente en el punto de encuentro entre dos mundos: La arquitectura, la ceremonia religiosa y las tradiciones familiares pertenecen aún a una sociedad profundamente conservadora. Pero el vestido de corte moderno, el peinado, las gafas y la naturalidad de la escena anuncian una generación que empezaba a mirar el futuro con otros horizontes.
Quizá por eso esta fotografía transmite una sensación tan distinta a la de muchos retratos matrimoniales anteriores.
No hay rigidez, no hay poses ceremoniales. Solo dos jóvenes que, casi ajenos a la presencia del fotógrafo, comienzan a compartir un gesto cotidiano que, con el paso del tiempo, terminaría simbolizando toda una vida juntos.
Sesenta años después, la imagen sigue conservando la misma serenidad. El corredor permanece inmóvil, la torta continúa intacta y las manos de los esposos siguen unidas sobre el cuchillo. Antonio Botero consiguió detener un instante que, más que un recuerdo, parece el comienzo silencioso de una historia.
Matrimonio Pineda Jimenez
30 de enero de 1965
Esta elegante fotografía, realizada por Antonio Botero, registra el matrimonio de Liborio Pineda Zuluaga, de 39 años, hijo de Luis Pineda y María del Carmen Zuluaga, con Elvia Jiménez Mejía, de 30 años, hija de Roberto Jiménez e Isabel Mejía.
La imagen recoge uno de los momentos más tradicionales de toda celebración nupcial: el corte de la torta. Sin embargo, su verdadero valor histórico no reside únicamente en ese instante, sino en un detalle que hoy podría parecer insignificante: El vestido de la novia es blanco.
Durante buena parte de la primera mitad del siglo XX, numerosas novias santuarianas contrajeron matrimonio vistiendo de negro, siguiendo una costumbre profundamente arraigada en la espiritualidad local y promovida durante décadas por el párroco monseñor Ignacio Botero. Aquellos vestidos oscuros expresaban una visión austera del matrimonio, entendido como una alianza para recorrer juntos las alegrías y las dificultades de la existencia.
Esta fotografía marca el comienzo de una nueva época.
El delicado vestido blanco de encaje que luce Elvia Jiménez refleja la llegada de nuevas sensibilidades y de costumbres que poco a poco transformaban las ceremonias matrimoniales en El Santuario. El blanco comenzaba a imponerse como símbolo de la celebración nupcial, siguiendo una tendencia que ya se había consolidado en otras regiones del país.
La composición revela, además, la madurez artística de Antonio Botero: No existe ningún elemento superfluo. Los esposos ocupan discretamente el lado izquierdo de la imagen, dejando que el amplio espacio del muro conduzca la mirada hacia un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, colocado exactamente sobre ellos. Más que un simple elemento decorativo, la pintura parece extender su presencia sobre la pareja, convirtiéndose en el eje espiritual de toda la escena.
Mientras las manos de los recién casados se unen sobre el cuchillo que corta la torta, la imagen de Cristo permanece silenciosa, como un testigo que preside el comienzo de una nueva familia.
La mesa, cubierta por un elegante mantel de terciopelo con encajes y flecos, sostiene una torta de dos niveles delicadamente adornada con flores y cintas. Todo transmite orden, serenidad y sobriedad, cualidades que caracterizaron buena parte de la fotografía social santuariana durante la década de 1960.
También llaman la atención las expresiones de los esposos: No miran a la cámara. Ambos dirigen la vista hacia el mismo punto: el cuchillo que lentamente comienza a dividir la torta. Ese pequeño gesto compartido convierte una fotografía ceremonial en una escena íntima, casi doméstica, donde el protagonismo no pertenece al fotógrafo, sino al instante que viven los recién casados.
Sesenta años después, esta imagen conserva intacta su belleza.
No solo documenta el matrimonio de Liborio Pineda Zuluaga y Elvia Jiménez Mejía. También testimonia el momento en que las tradiciones matrimoniales santuarianas comenzaban a transformarse. Entre el vestido negro de las generaciones anteriores y el blanco que hoy asociamos naturalmente con la novia, esta fotografía ocupa un lugar privilegiado en la historia visual del municipio.
La SalaThe Living Room
El espacio del encuentro familiarThe heart of family gatherings
Audio en preparación. Las grabaciones de esta sala van en audio/es/04-la-sala/ y el reproductor se activa solo.
Recording in preparation. This room’s files go in audio/en/04-la-sala/ and the player activates automatically.
La sala ha sido, tradicionalmente, uno de los principales espacios de encuentro de una casa.
Aquí se recibían familiares, vecinos y amigos; se conversaba, se escuchaba música, se compartían noticias y se construían recuerdos.
Esta sala reúne muebles, fotografías y objetos de diferentes épocas que nos permiten acercarnos a la vida cotidiana de las familias santuarianas.
Un espacio donde los objetos también cuentan historias de quienes los usaron, los conservaron y los compartieron.
The living room has traditionally been one of the main gathering places of a house.
Relatives, neighbours and friends were received here; people talked, listened to music, shared the news and built memories.
This room brings together furniture, photographs and objects from different periods that let us come closer to the daily life of families in El Santuario.
A space where objects also tell the stories of those who used them, kept them and shared them.
Leer el guion completo de la salaRead the full room script
En las casas santuarianas, la sala ha sido tradicionalmente un espacio de encuentro.
Aquí se recibían familiares, vecinos y amigos. Era el lugar para conversar, compartir una visita, escuchar música, hablar de lo que ocurría en el pueblo y pasar un rato juntos.
Por eso quisimos dedicar este espacio a las familias santuarianas y a algunas de las cosas que hicieron parte de su vida cotidiana.
Comenzamos con este conjunto de muebles, que tiene aproximadamente 128 años de antigüedad.
En 1895 pertenecieron a un embajador británico que se encontraba en Colombia. Después de terminar su misión diplomática, fueron vendidos a una familia en Bogotá, descendiente de los Gómez de Castro.
En 2022, estos muebles fueron donados a la Casa Museo.
Sobre ellos encontramos un espejo de cristal de roca, fechado en 1929.
También encontramos el Sagrado Corazón de Jesús, una imagen que representa una de las expresiones de devoción que han acompañado tradicionalmente a muchas familias santuarianas.
Y hablando de familias, en esta sala queremos reconocer la diversidad de apellidos que han construido la historia de nuestro municipio.
Aquí encontramos fotografías de familias con apellidos como Vázquez, Botero, Castaño, Gómez, Pineda, Zuluaga, Aristizábal y Salazar, entre muchos otros.
Algunos han estado vinculados a El Santuario desde sus primeros años y otros llegaron posteriormente, incorporándose a la vida y a la historia del municipio.
Continuamos con algunos objetos que nos acercan a la vida cotidiana de otras épocas.
Esta máquina de coser, diseñada y fabricada en el siglo XIX, perteneció a Solina Zuluaga.
La costura fue durante mucho tiempo una actividad fundamental dentro de muchos hogares y también una forma de trabajo y sustento para numerosas familias.
Encontramos también un televisor de 1975, que fue uno de los primeros vendidos en el almacén El Baratón y que perteneció a la familia Zuluaga Giraldo.
Junto a él está este teléfono de disco, que data aproximadamente de 1970.
Antes de los teléfonos móviles y de la comunicación inmediata que tenemos hoy, objetos como este cambiaron la manera en que las familias podían comunicarse con quienes estaban lejos.
También encontramos este reloj de péndulo, de aproximadamente 60 años de antigüedad, que fue traído desde La Guajira por un comerciante santuariano de apellido Serna.
Y finalmente encontramos un gramófono de 1884, utilizado para reproducir sonidos grabados en discos planos.
Esta pieza fue donada por la familia Aristizábal Gómez.
Cada uno de estos objetos pertenece a una época diferente, pero todos tienen algo en común: alguna vez estuvieron dentro de una casa y formaron parte de la vida de una familia.
Cada fotografía familiar tiene un código QR. Escanéelo para conocer quiénes aparecen en ella, cuándo fue tomada y algunas de las historias que se conservan detrás de estos retratos.
QR 43 FAMILIA PINEDA SERNA
En esta fotografía aparece la familia del maestro Roberto Pineda Duque y su esposa, Enriqueta Serna Gómez.
De izquierda a derecha aparecen sus hijos: Beatriz, Cecilia, Consuelo, Leonardo, Robertico, Amparo, Teresita, Ricardo y Orlando.
QR 44 FAMILIA ZULUAGA RAMÍREZ
Esta fotografía fue tomada por don Antonio Botero el 2 de octubre de 1964, con motivo de las bodas de plata matrimoniales de don Delio Zuluaga y doña Inés Ramírez.
En la imagen aparecen, de izquierda a derecha:
Ramón Guillermo Zuluaga Ramírez, Nohemí del Socorro Zuluaga Ramírez, Saulo Antonio Zuluaga Ramírez, Delio Zuluaga Duque e Inés Ramírez Orozco, padres de la familia; Jaime Zuluaga Ramírez, Otilia Zuluaga Ramírez e Iván Serna Gómez.
Sentada aparece María Jesús Duque Aristizábal, abuela paterna.
QR 45 FAMILIA PINEDA ARISTIZÁBAL
Baltazar Pineda Salazar y María Ignacia Aristizábal Gómez contrajeron matrimonio el 27 de diciembre de 1932.
En esta fotografía, tomada por don Antonio Botero, aparecen sus hijos, yernos y nietos:
- Luis Juan Pineda Aristizábal
- María Ignacia Aristizábal Gómez, madre
- Consuelo de Chiquinquirá Pineda Aristizábal
- Baltazar Pineda Salazar, padre
- Liliam del Socorro Pineda Aristizábal
- José Jairo Pineda Aristizábal
- Aura Pineda Aristizábal
- José Gilberto Zuluaga Gómez
- Lucía de Jesús Pineda Aristizábal
- Gilberto Zuluaga Pineda
- Álvaro Zuluaga Pineda
QR 46 FAMILIA ZULUAGA ZULUAGA
Esta fotografía fue realizada por Luis Eduardo Ramírez en 1940, con motivo de las bodas de plata matrimoniales de la familia Zuluaga Zuluaga.
En ella aparecen:
- Elvia Rosa Zuluaga Zuluaga
- Jesús Antonio Zuluaga Zuluaga
- María Alicia Zuluaga Zuluaga
- Carlos Emilio Zuluaga Zuluaga
- José Bertulfo Zuluaga Zuluaga
- Julia Inés Zuluaga Zuluaga
- María Ernestina Zuluaga Zuluaga
- Carmen Eva Zuluaga Zuluaga
- Juan Manuel Zuluaga Zuluaga
- Malaquías Zuluaga Serna, padre
- N.N. Zuluaga Zuluaga
- Susana Zuluaga Gómez, madre
Esta familia vivió en el sector de Las Cuevas, entre El Santuario y El Peñol.
QR 47 FAMILIA GIRALDO GARCÍA
Fotografía tomada por don Antonio Botero el 13 de mayo de 1954, durante la celebración de los 80 años de doña María Dolores Ramírez Ramírez.
En la imagen aparecen:
- Ramón María Giraldo García
- Jesús Antonio Giraldo García, abogado
- Marco Tulio Giraldo García, abogado
- María Dolores Ramírez Ramírez, homenajeada
- José Joaquín Giraldo Ramírez, padre
- Margarita García Montoya, madre
- Margarita Oliva Giraldo García, pensionada del magisterio
- Carlos Julio Giraldo García, sacerdote jubilado
Ramón María Giraldo García murió ahogado en el río del Ocho el 9 de septiembre de 1959, mientras ayudaba en la construcción del monumento conmemorativo de la llamada Tragedia del Ocho.
QR 48 FAMILIA VÁSQUEZ DUQUE
Esta fotografía fue tomada en 1925 por Floro Ezequiel Zuluaga.
En ella aparecen:
- María del Carmen Lina Vásquez Duque
- Eliseo Vásquez Duque
- Rosa Efigenia Vásquez Duque
- Luis Norberto Vásquez Duque
- María de la Luz Vásquez Duque
- Horacio Duque Vásquez, nieto
- Lucía Paulina Duque Sánchez, madre
- María Evelia Montoya Vásquez, nieta
- Aurora Vásquez Duque
- José Dolores Vásquez Duque
QR 49 FAMILIA BOTERO PINEDA
Esta fotografía fue tomada por don Antonio Botero el 7 de enero de 1957, con motivo de las bodas de oro matrimoniales de Francisco Botero y María Jesús Pineda.
En ella aparece una amplia familia conformada por hijos, hijas, yernos, nueras y nietos.
Entre los retratados se encuentran José Abelardo Botero Pineda, quien fue alcalde en dos ocasiones; Francisco Luis “Pacho” Botero Giraldo, carnicero y promotor de la devoción a la Virgen del Carmen; y María Jesús Pineda Jiménez, reconocida como creadora de la fórmula del famoso “Buñuelo Santuariano”.
La fotografía reúne a 21 integrantes de esta familia y constituye un importante registro de una de las familias santuarianas de mediados del siglo XX.
QR 50 FAMILIA GÓMEZ GIRALDO
Esta fotografía fue tomada por don Antonio Botero el 26 de febrero de 1963, con motivo del matrimonio de Vicente Gómez Giraldo y María Lucelly Salazar Salazar.
En ella aparecen padres, hijos, hermanos y parejas pertenecientes a la familia Gómez Giraldo, conocida popularmente como “Los Melejeras”.
La fotografía reúne a 20 integrantes de la familia y registra varias generaciones reunidas alrededor de una celebración familiar.
QR 51 FAMILIA GÓMEZ BOTERO
La familia “Cacao”
Esta fotografía fue tomada por Floro Ezequiel Zuluaga el 13 de marzo de 1928, con motivo del segundo cumpleaños de María Libia Gómez Gómez, nieta mayor de la familia conocida en El Santuario como “Los Cacao”.
La imagen reúne a varias generaciones de la familia. En el centro aparecen los abuelos Carlos Heriberto Gómez Salazar y Clara Rosa Botero Giraldo, rodeados de sus hijos, hijas, yernos, nueras y nietos.
La pequeña María Libia aparece en primer plano, junto a su abuela, con un pequeño moño blanco.
Entre los integrantes también aparece Francisco de Paula Gómez Giraldo, un bebé que tenía apenas unos meses de edad. Siete meses después de esta fotografía, el 31 de octubre de 1928, falleció a causa de un cólico. Esta imagen terminó convirtiéndose en uno de los pocos registros de su corta vida.
La fotografía también permite observar la forma en que se realizaban los retratos familiares de la época: la disposición cuidadosamente organizada de las personas, los vestuarios, los muebles, las plantas y el telón de fondo utilizado por el fotógrafo.
Los hombres aparecen con trajes y corbatas; las mujeres, con vestidos y peinados cuidadosamente preparados; y los niños, con la vestimenta característica de la época.
Una historia detrás de la fotografía
Entre los niños que aparecen en la imagen hay un detalle que puede pasar inadvertido: Jorge Ernesto Gómez Botero aparece descalzo.
Aquel detalle, aparentemente pequeño, terminó adquiriendo un significado particular con el paso de los años.
Jorge Ernesto llegaría a convertirse, junto con sus hijos, en fundador de Calzados Bucaramanga, una reconocida empresa colombiana de calzado.
En la familia existe una historia que cuenta, con algo de humor, que las burlas de sus hermanos por aparecer descalzo en la fotografía pudieron haber inspirado su deseo de algún día tener zapatos para todos.
No sabemos si realmente ocurrió así, pero la anécdota se ha conservado como parte de la memoria familiar.
Casi cien años después, esta fotografía conserva los rostros de una familia, pero también guarda pequeñas historias que permiten acercarnos a la vida santuariana de 1928.
QR 52 FAMILIA SALAZAR SERNA
Esta fotografía fue tomada el 28 de octubre de 1972, durante el matrimonio de Gilberto León Salazar Serna, hijo mayor de la familia.
El fotógrafo fue un profesional anónimo de Medellín.
En la imagen aparecen:
Fabiola, Luis Fernando, Marta Lucía, Gilberto León, Óscar Alonso, Jairo, Margarita y Gildardo Salazar Serna, además de sus padres, Berta Serna Salazar y Fernando Salazar Gómez.
En el centro aparecen Francisco, Rosita, Olga María y Beatriz Salazar Serna.
QR 53 FAMILIA ARISTIZÁBAL VILLEGAS
En esta fotografía aparecen los integrantes de la familia Aristizábal Villegas:
- Francisco Aristizábal Villegas
- Luis María Aristizábal Villegas
- María Jesús Aristizábal Villegas
- Mercedes Aristizábal Villegas
- Nacianceno Aristizábal Villegas
- Floro Aristizábal Villegas
- Guillermo Aristizábal Villegas
QR 54 FAMILIA ARISTIZÁBAL GÓMEZ
Esta fotografía fue tomada en octubre de 1923 por Floro Ezequiel Zuluaga, con motivo de las bodas de plata matrimoniales de Jesús Aristizábal Villegas y María Chiquinquirá Gómez Gómez.
De pie aparecen:
Tulia Aristizábal Gómez, María Ignacia Aristizábal Gómez, Roberto, Graciela Aristizábal Gómez, Heriberto de Jesús Aristizábal Gómez, María Mercedes Concepción Aristizábal Gómez y María Chiquinquirá Aristizábal Gómez.
Sentados aparecen María Chiquinquirá Gómez Gómez y Jesús Aristizábal Villegas, esposos y padres de la familia.
QR 55 FAMILIA SERNA GÓMEZ
Veinticinco años después del “sí”
13 de octubre de 1944
Esta fotografía fue realizada por Luis Eduardo Ramírez con motivo de las bodas de plata de Miguel Antonio Serna Aristizábal y Carmen Flora Gómez Botero, quienes celebraban 25 años de matrimonio.
En el centro aparecen los esposos, rodeados por sus hijos.
De izquierda a derecha aparecen Elcira, Julia, Rosa, Ignacio, Hernando, Octavio, Julio Alfredo, Próspero, Miguel y Graciela Serna Gómez.
Pero hay un detalle que no aparece a simple vista.
Aunque no está físicamente en la fotografía, Blanca Serna Gómez también estaba presente: su madre la llevaba en el vientre.
De esta manera, la imagen reúne simbólicamente a los trece hijos de la familia: doce visibles y una hija que todavía no había nacido.
La composición fue cuidadosamente organizada por el fotógrafo. Los hermanos aparecen siguiendo un orden relacionado con sus edades, creando una línea visual que va desde los mayores hasta la pequeña Graciela.
La fotografía también permite observar la vida cotidiana de las familias santuarianas de la primera mitad del siglo XX: los vestidos, los trajes, las diferencias de edad entre los hermanos y hasta el hecho de que algunos niños aparezcan descalzos.
Más que registrar únicamente unas bodas de plata, esta imagen conserva el retrato de una familia y de la vida que construyeron durante sus primeros 25 años de matrimonio.
The full English script for this room is being prepared. The Spanish version above is the source text used for the recording.
En las casas santuarianas, la sala ha sido tradicionalmente un espacio de encuentro.
Aquí se recibían familiares, vecinos y amigos. Era el lugar para conversar, compartir una visita, escuchar música, hablar de lo que ocurría en el pueblo y pasar un rato juntos.
Por eso quisimos dedicar este espacio a las familias santuarianas y a algunas de las cosas que hicieron parte de su vida cotidiana.
Comenzamos con este conjunto de muebles, que tiene aproximadamente 128 años de antigüedad.
En 1895 pertenecieron a un embajador británico que se encontraba en Colombia. Después de terminar su misión diplomática, fueron vendidos a una familia en Bogotá, descendiente de los Gómez de Castro.
En 2022, estos muebles fueron donados a la Casa Museo.
Sobre ellos encontramos un espejo de cristal de roca, fechado en 1929.
También encontramos el Sagrado Corazón de Jesús, una imagen que representa una de las expresiones de devoción que han acompañado tradicionalmente a muchas familias santuarianas.
Y hablando de familias, en esta sala queremos reconocer la diversidad de apellidos que han construido la historia de nuestro municipio.
Aquí encontramos fotografías de familias con apellidos como Vázquez, Botero, Castaño, Gómez, Pineda, Zuluaga, Aristizábal y Salazar, entre muchos otros.
Algunos han estado vinculados a El Santuario desde sus primeros años y otros llegaron posteriormente, incorporándose a la vida y a la historia del municipio.
Continuamos con algunos objetos que nos acercan a la vida cotidiana de otras épocas.
Esta máquina de coser, diseñada y fabricada en el siglo XIX, perteneció a Solina Zuluaga.
La costura fue durante mucho tiempo una actividad fundamental dentro de muchos hogares y también una forma de trabajo y sustento para numerosas familias.
Encontramos también un televisor de 1975, que fue uno de los primeros vendidos en el almacén El Baratón y que perteneció a la familia Zuluaga Giraldo.
Junto a él está este teléfono de disco, que data aproximadamente de 1970.
Antes de los teléfonos móviles y de la comunicación inmediata que tenemos hoy, objetos como este cambiaron la manera en que las familias podían comunicarse con quienes estaban lejos.
También encontramos este reloj de péndulo, de aproximadamente 60 años de antigüedad, que fue traído desde La Guajira por un comerciante santuariano de apellido Serna.
Y finalmente encontramos un gramófono de 1884, utilizado para reproducir sonidos grabados en discos planos.
Esta pieza fue donada por la familia Aristizábal Gómez.
Cada uno de estos objetos pertenece a una época diferente, pero todos tienen algo en común: alguna vez estuvieron dentro de una casa y formaron parte de la vida de una familia.
Cada fotografía familiar tiene un código QR. Escanéelo para conocer quiénes aparecen en ella, cuándo fue tomada y algunas de las historias que se conservan detrás de estos retratos.
QR 43 FAMILIA PINEDA SERNA
En esta fotografía aparece la familia del maestro Roberto Pineda Duque y su esposa, Enriqueta Serna Gómez.
De izquierda a derecha aparecen sus hijos: Beatriz, Cecilia, Consuelo, Leonardo, Robertico, Amparo, Teresita, Ricardo y Orlando.
QR 44 FAMILIA ZULUAGA RAMÍREZ
Esta fotografía fue tomada por don Antonio Botero el 2 de octubre de 1964, con motivo de las bodas de plata matrimoniales de don Delio Zuluaga y doña Inés Ramírez.
En la imagen aparecen, de izquierda a derecha:
Ramón Guillermo Zuluaga Ramírez, Nohemí del Socorro Zuluaga Ramírez, Saulo Antonio Zuluaga Ramírez, Delio Zuluaga Duque e Inés Ramírez Orozco, padres de la familia; Jaime Zuluaga Ramírez, Otilia Zuluaga Ramírez e Iván Serna Gómez.
Sentada aparece María Jesús Duque Aristizábal, abuela paterna.
QR 45 FAMILIA PINEDA ARISTIZÁBAL
Baltazar Pineda Salazar y María Ignacia Aristizábal Gómez contrajeron matrimonio el 27 de diciembre de 1932.
En esta fotografía, tomada por don Antonio Botero, aparecen sus hijos, yernos y nietos:
- Luis Juan Pineda Aristizábal
- María Ignacia Aristizábal Gómez, madre
- Consuelo de Chiquinquirá Pineda Aristizábal
- Baltazar Pineda Salazar, padre
- Liliam del Socorro Pineda Aristizábal
- José Jairo Pineda Aristizábal
- Aura Pineda Aristizábal
- José Gilberto Zuluaga Gómez
- Lucía de Jesús Pineda Aristizábal
- Gilberto Zuluaga Pineda
- Álvaro Zuluaga Pineda
QR 46 FAMILIA ZULUAGA ZULUAGA
Esta fotografía fue realizada por Luis Eduardo Ramírez en 1940, con motivo de las bodas de plata matrimoniales de la familia Zuluaga Zuluaga.
En ella aparecen:
- Elvia Rosa Zuluaga Zuluaga
- Jesús Antonio Zuluaga Zuluaga
- María Alicia Zuluaga Zuluaga
- Carlos Emilio Zuluaga Zuluaga
- José Bertulfo Zuluaga Zuluaga
- Julia Inés Zuluaga Zuluaga
- María Ernestina Zuluaga Zuluaga
- Carmen Eva Zuluaga Zuluaga
- Juan Manuel Zuluaga Zuluaga
- Malaquías Zuluaga Serna, padre
- N.N. Zuluaga Zuluaga
- Susana Zuluaga Gómez, madre
Esta familia vivió en el sector de Las Cuevas, entre El Santuario y El Peñol.
QR 47 FAMILIA GIRALDO GARCÍA
Fotografía tomada por don Antonio Botero el 13 de mayo de 1954, durante la celebración de los 80 años de doña María Dolores Ramírez Ramírez.
En la imagen aparecen:
- Ramón María Giraldo García
- Jesús Antonio Giraldo García, abogado
- Marco Tulio Giraldo García, abogado
- María Dolores Ramírez Ramírez, homenajeada
- José Joaquín Giraldo Ramírez, padre
- Margarita García Montoya, madre
- Margarita Oliva Giraldo García, pensionada del magisterio
- Carlos Julio Giraldo García, sacerdote jubilado
Ramón María Giraldo García murió ahogado en el río del Ocho el 9 de septiembre de 1959, mientras ayudaba en la construcción del monumento conmemorativo de la llamada Tragedia del Ocho.
QR 48 FAMILIA VÁSQUEZ DUQUE
Esta fotografía fue tomada en 1925 por Floro Ezequiel Zuluaga.
En ella aparecen:
- María del Carmen Lina Vásquez Duque
- Eliseo Vásquez Duque
- Rosa Efigenia Vásquez Duque
- Luis Norberto Vásquez Duque
- María de la Luz Vásquez Duque
- Horacio Duque Vásquez, nieto
- Lucía Paulina Duque Sánchez, madre
- María Evelia Montoya Vásquez, nieta
- Aurora Vásquez Duque
- José Dolores Vásquez Duque
QR 49 FAMILIA BOTERO PINEDA
Esta fotografía fue tomada por don Antonio Botero el 7 de enero de 1957, con motivo de las bodas de oro matrimoniales de Francisco Botero y María Jesús Pineda.
En ella aparece una amplia familia conformada por hijos, hijas, yernos, nueras y nietos.
Entre los retratados se encuentran José Abelardo Botero Pineda, quien fue alcalde en dos ocasiones; Francisco Luis “Pacho” Botero Giraldo, carnicero y promotor de la devoción a la Virgen del Carmen; y María Jesús Pineda Jiménez, reconocida como creadora de la fórmula del famoso “Buñuelo Santuariano”.
La fotografía reúne a 21 integrantes de esta familia y constituye un importante registro de una de las familias santuarianas de mediados del siglo XX.
QR 50 FAMILIA GÓMEZ GIRALDO
Esta fotografía fue tomada por don Antonio Botero el 26 de febrero de 1963, con motivo del matrimonio de Vicente Gómez Giraldo y María Lucelly Salazar Salazar.
En ella aparecen padres, hijos, hermanos y parejas pertenecientes a la familia Gómez Giraldo, conocida popularmente como “Los Melejeras”.
La fotografía reúne a 20 integrantes de la familia y registra varias generaciones reunidas alrededor de una celebración familiar.
QR 51 FAMILIA GÓMEZ BOTERO
La familia “Cacao”
Esta fotografía fue tomada por Floro Ezequiel Zuluaga el 13 de marzo de 1928, con motivo del segundo cumpleaños de María Libia Gómez Gómez, nieta mayor de la familia conocida en El Santuario como “Los Cacao”.
La imagen reúne a varias generaciones de la familia. En el centro aparecen los abuelos Carlos Heriberto Gómez Salazar y Clara Rosa Botero Giraldo, rodeados de sus hijos, hijas, yernos, nueras y nietos.
La pequeña María Libia aparece en primer plano, junto a su abuela, con un pequeño moño blanco.
Entre los integrantes también aparece Francisco de Paula Gómez Giraldo, un bebé que tenía apenas unos meses de edad. Siete meses después de esta fotografía, el 31 de octubre de 1928, falleció a causa de un cólico. Esta imagen terminó convirtiéndose en uno de los pocos registros de su corta vida.
La fotografía también permite observar la forma en que se realizaban los retratos familiares de la época: la disposición cuidadosamente organizada de las personas, los vestuarios, los muebles, las plantas y el telón de fondo utilizado por el fotógrafo.
Los hombres aparecen con trajes y corbatas; las mujeres, con vestidos y peinados cuidadosamente preparados; y los niños, con la vestimenta característica de la época.
Una historia detrás de la fotografía
Entre los niños que aparecen en la imagen hay un detalle que puede pasar inadvertido: Jorge Ernesto Gómez Botero aparece descalzo.
Aquel detalle, aparentemente pequeño, terminó adquiriendo un significado particular con el paso de los años.
Jorge Ernesto llegaría a convertirse, junto con sus hijos, en fundador de Calzados Bucaramanga, una reconocida empresa colombiana de calzado.
En la familia existe una historia que cuenta, con algo de humor, que las burlas de sus hermanos por aparecer descalzo en la fotografía pudieron haber inspirado su deseo de algún día tener zapatos para todos.
No sabemos si realmente ocurrió así, pero la anécdota se ha conservado como parte de la memoria familiar.
Casi cien años después, esta fotografía conserva los rostros de una familia, pero también guarda pequeñas historias que permiten acercarnos a la vida santuariana de 1928.
QR 52 FAMILIA SALAZAR SERNA
Esta fotografía fue tomada el 28 de octubre de 1972, durante el matrimonio de Gilberto León Salazar Serna, hijo mayor de la familia.
El fotógrafo fue un profesional anónimo de Medellín.
En la imagen aparecen:
Fabiola, Luis Fernando, Marta Lucía, Gilberto León, Óscar Alonso, Jairo, Margarita y Gildardo Salazar Serna, además de sus padres, Berta Serna Salazar y Fernando Salazar Gómez.
En el centro aparecen Francisco, Rosita, Olga María y Beatriz Salazar Serna.
QR 53 FAMILIA ARISTIZÁBAL VILLEGAS
En esta fotografía aparecen los integrantes de la familia Aristizábal Villegas:
- Francisco Aristizábal Villegas
- Luis María Aristizábal Villegas
- María Jesús Aristizábal Villegas
- Mercedes Aristizábal Villegas
- Nacianceno Aristizábal Villegas
- Floro Aristizábal Villegas
- Guillermo Aristizábal Villegas
QR 54 FAMILIA ARISTIZÁBAL GÓMEZ
Esta fotografía fue tomada en octubre de 1923 por Floro Ezequiel Zuluaga, con motivo de las bodas de plata matrimoniales de Jesús Aristizábal Villegas y María Chiquinquirá Gómez Gómez.
De pie aparecen:
Tulia Aristizábal Gómez, María Ignacia Aristizábal Gómez, Roberto, Graciela Aristizábal Gómez, Heriberto de Jesús Aristizábal Gómez, María Mercedes Concepción Aristizábal Gómez y María Chiquinquirá Aristizábal Gómez.
Sentados aparecen María Chiquinquirá Gómez Gómez y Jesús Aristizábal Villegas, esposos y padres de la familia.
QR 55 FAMILIA SERNA GÓMEZ
Veinticinco años después del “sí”
13 de octubre de 1944
Esta fotografía fue realizada por Luis Eduardo Ramírez con motivo de las bodas de plata de Miguel Antonio Serna Aristizábal y Carmen Flora Gómez Botero, quienes celebraban 25 años de matrimonio.
En el centro aparecen los esposos, rodeados por sus hijos.
De izquierda a derecha aparecen Elcira, Julia, Rosa, Ignacio, Hernando, Octavio, Julio Alfredo, Próspero, Miguel y Graciela Serna Gómez.
Pero hay un detalle que no aparece a simple vista.
Aunque no está físicamente en la fotografía, Blanca Serna Gómez también estaba presente: su madre la llevaba en el vientre.
De esta manera, la imagen reúne simbólicamente a los trece hijos de la familia: doce visibles y una hija que todavía no había nacido.
La composición fue cuidadosamente organizada por el fotógrafo. Los hermanos aparecen siguiendo un orden relacionado con sus edades, creando una línea visual que va desde los mayores hasta la pequeña Graciela.
La fotografía también permite observar la vida cotidiana de las familias santuarianas de la primera mitad del siglo XX: los vestidos, los trajes, las diferencias de edad entre los hermanos y hasta el hecho de que algunos niños aparezcan descalzos.
Más que registrar únicamente unas bodas de plata, esta imagen conserva el retrato de una familia y de la vida que construyeron durante sus primeros 25 años de matrimonio.
EscuelitaThe Little Schoolhouse
La historia de la educación santuarianaThe history of education here
Audio en preparación. Las grabaciones de esta sala van en audio/es/05-escuelita/ y el reproductor se activa solo.
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En esta sala recorremos algunos momentos, personajes, objetos e instituciones que hacen parte de la historia de la educación santuariana.
Desde los primeros maestros y las antiguas aulas hasta los mapas, pupitres, libros y herramientas que acompañaron el aprendizaje de varias generaciones.
Un espacio para reconocer la educación como parte fundamental de la historia y del desarrollo de nuestro municipio.
In this room we walk through moments, people, objects and institutions that are part of the history of education in El Santuario.
From the first teachers and the old classrooms to the maps, desks, books and tools that accompanied the learning of several generations.
A space to recognise education as a fundamental part of the history and development of our municipality.
Leer el guion completo de la salaRead the full room script
Bienvenidos a La Escuelita.
Esta sala está dedicada a la historia de la educación en El Santuario, una historia que ha acompañado el crecimiento del municipio y que ha abierto oportunidades para muchas generaciones de santuarianos. el escritorio y la biblioteca del padre Leandro Pineda Jiménez, muebles que datan de finales del siglo XIX.
Entre los libros encontramos ejemplares antiguos, algunos escritos en latín, entre ellos dos tomos del siglo XVII que contienen un tratado de teología moral, además de obras relacionadas con Santo Tomás y textos sobre la historia de El Santuario.
También encontramos unos cuadernos en hebreo de 1940.
Estos materiales nos acercan a una educación en la que el aprendizaje de lenguas como el latín, el griego y el hebreo tenía especial importancia, particularmente en espacios de formación religiosa.
Ahora encontramos uno de los objetos que seguramente más nos conecta con la escuela de otras épocas: el pupitre.
Este ejemplar data aproximadamente de 1915.
En aquellos años no siempre había suficientes pupitres para todos los estudiantes, por lo que era común que cada alumno tuviera que llevar el suyo desde casa.
También existían pupitres compartidos, que permitían que varios niños estudiaran juntos.
Junto a estos objetos encontramos una máquina de escribir de aproximadamente 150 años de antigüedad, otro elemento que nos permite acercarnos a las herramientas utilizadas para escribir y transmitir conocimiento antes de la llegada de las tecnologías actuales.
Continuamos con las fotografías.
Aquí podemos recorrer parte de la historia de diferentes instituciones educativas de El Santuario.
Encontramos imágenes de la escuela Eusebio María Gómez, cuando funcionaba en el sector de La Judea, y posteriormente de su traslado al sector de la autopista, donde hoy se encuentra la institución conocida como José María Córdova.
También encontramos fotografías de la Mercedes Sanín Cano, cuya antigua sede corresponde hoy a la Casa de la Cultura, y de la institución educativa José Ignacio Botero Palacio, ubicada en la vereda El Valle de María.
En este recorrido por la memoria educativa también aparece la antigua sede del colegio San Luis Gonzaga, un espacio que posteriormente albergó instituciones como el colegio José María Córdova, el Colegio Cooperativo y Mundo Pequeñín. Actualmente corresponde a la Institución Educativa Luis Rodolfo Gómez Ramírez.
Entre las imágenes encontramos también el retrato de Alpidio Zuluaga, querido maestro de la escuela Eusebio María Gómez Ramírez cuando funcionaba en La Judea.
El retrato fue realizado por Claver Ramírez.
Y llegamos ahora a algunos de los materiales didácticos que se utilizaban en las escuelas.
Encontramos un mapamundi de 1970, utilizado para enseñar la distribución de los continentes, océanos y mares.
También encontramos un mapa de Colombia, igualmente de 1970, utilizado como herramienta de enseñanza para que los estudiantes conocieran la geografía de nuestro país.
Finalmente, encontramos unos pisapapeles que pertenecieron a Monseñor Francisco Luis Gómez Gómez, utilizados para mantener sus libros en posición vertical. Estas piezas datan de 1980.
The full English script for this room is being prepared. The Spanish version above is the source text used for the recording.
Bienvenidos a La Escuelita.
Esta sala está dedicada a la historia de la educación en El Santuario, una historia que ha acompañado el crecimiento del municipio y que ha abierto oportunidades para muchas generaciones de santuarianos. el escritorio y la biblioteca del padre Leandro Pineda Jiménez, muebles que datan de finales del siglo XIX.
Entre los libros encontramos ejemplares antiguos, algunos escritos en latín, entre ellos dos tomos del siglo XVII que contienen un tratado de teología moral, además de obras relacionadas con Santo Tomás y textos sobre la historia de El Santuario.
También encontramos unos cuadernos en hebreo de 1940.
Estos materiales nos acercan a una educación en la que el aprendizaje de lenguas como el latín, el griego y el hebreo tenía especial importancia, particularmente en espacios de formación religiosa.
Ahora encontramos uno de los objetos que seguramente más nos conecta con la escuela de otras épocas: el pupitre.
Este ejemplar data aproximadamente de 1915.
En aquellos años no siempre había suficientes pupitres para todos los estudiantes, por lo que era común que cada alumno tuviera que llevar el suyo desde casa.
También existían pupitres compartidos, que permitían que varios niños estudiaran juntos.
Junto a estos objetos encontramos una máquina de escribir de aproximadamente 150 años de antigüedad, otro elemento que nos permite acercarnos a las herramientas utilizadas para escribir y transmitir conocimiento antes de la llegada de las tecnologías actuales.
Continuamos con las fotografías.
Aquí podemos recorrer parte de la historia de diferentes instituciones educativas de El Santuario.
Encontramos imágenes de la escuela Eusebio María Gómez, cuando funcionaba en el sector de La Judea, y posteriormente de su traslado al sector de la autopista, donde hoy se encuentra la institución conocida como José María Córdova.
También encontramos fotografías de la Mercedes Sanín Cano, cuya antigua sede corresponde hoy a la Casa de la Cultura, y de la institución educativa José Ignacio Botero Palacio, ubicada en la vereda El Valle de María.
En este recorrido por la memoria educativa también aparece la antigua sede del colegio San Luis Gonzaga, un espacio que posteriormente albergó instituciones como el colegio José María Córdova, el Colegio Cooperativo y Mundo Pequeñín. Actualmente corresponde a la Institución Educativa Luis Rodolfo Gómez Ramírez.
Entre las imágenes encontramos también el retrato de Alpidio Zuluaga, querido maestro de la escuela Eusebio María Gómez Ramírez cuando funcionaba en La Judea.
El retrato fue realizado por Claver Ramírez.
Y llegamos ahora a algunos de los materiales didácticos que se utilizaban en las escuelas.
Encontramos un mapamundi de 1970, utilizado para enseñar la distribución de los continentes, océanos y mares.
También encontramos un mapa de Colombia, igualmente de 1970, utilizado como herramienta de enseñanza para que los estudiantes conocieran la geografía de nuestro país.
Finalmente, encontramos unos pisapapeles que pertenecieron a Monseñor Francisco Luis Gómez Gómez, utilizados para mantener sus libros en posición vertical. Estas piezas datan de 1980.
Réplica del Cementerio antiguoReplica of the Old Cemetery
Rituales, lápidas y fotografía post mortemRituals, gravestones and post-mortem photography
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Esta sala es una representación del antiguo cementerio de El Santuario.
No contiene restos humanos ni corresponde a un cementerio real. Cada elemento ha sido dispuesto como una recreación que nos permite acercarnos a las formas, objetos y tradiciones que hicieron parte de los antiguos rituales funerarios de nuestro municipio.
Aquí conservamos réplicas de lápidas y una colección de fotografías que nos permiten conocer a personas que hicieron parte de la historia de El Santuario y que ya no están entre nosotros.
This room is a representation of the old cemetery of El Santuario.
It contains no human remains and is not an actual cemetery. Every element has been arranged as a recreation that lets us approach the forms, objects and traditions of the old funeral rituals of our municipality.
Here we keep replicas of gravestones and a collection of photographs that introduce people who were part of the history of El Santuario and are no longer with us.
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Las lápidas también nos hablan de la Cerámica de El Salto, donde fueron elaboradas muchas de estas piezas. En sus talleres se producían finas lozas destinadas, entre otros usos, a las lápidas del cementerio.
Estas piezas eran elaboradas en caolín, pintadas con tintilla y posteriormente sometidas a temperaturas de aproximadamente 1.500 grados.
Entre las piezas que encontramos aquí hay una lápida original: la de don José Jesús Ramírez, quien fue el autor del himno de Cocorná y fundador de la primera banda de músicos de El Santuario.
Las demás lápidas que observamos en este espacio son réplicas realizadas por el artista Jesús Aristizábal.
Pasemos ahora a las fotografías.
Las imágenes que encontramos aquí pertenecen a una tradición conocida como fotografía post mortem, que tuvo gran popularidad primero en Europa y posteriormente en América.
En El Santuario esta práctica también fue común durante varias décadas.
Desde la época de Floro Ezequiel Zuluaga y posteriormente con fotógrafos como Jesús Antonio Botero y Jesús Antonio Giraldo, era habitual que se fotografiara a las personas después de su fallecimiento.
En una época en la que la fotografía no hacía parte de la vida cotidiana como sucede hoy, esta podía ser, en algunos casos, la única imagen que una familia conservaba de una persona.
Por eso estas fotografías fueron una manera de preservar su recuerdo.
En esta colección encontramos escenas de entierros y velorios, pero también podemos reconocer personajes, familias, costumbres y formas en que la comunidad acompañaba la muerte.
A través de los códigos QR podrá conocer la historia de las personas que aparecen en ellas.
13 FRANCISCO GÓMEZ BOTERO
Francisco Gómez Botero era un joven de 17 años. El domingo 8 de mayo de 1955 murió después de lanzarse a las ruedas del camión de don Eleazar Giraldo.
El hecho ocurrió en la calle 49, junto a la Cerámica de Baltazar Pineda.
La fotografía fue tomada por don Antonio Botero.
17 ENTIERRO DE CHEPITO ZULUAGA
José María Zuluaga Gómez, conocido como “Chepito”, fue político, funcionario público y líder social de El Santuario.
Fue padre del médico Baudilio Zuluaga y abuelo del reconocido humorista Guillermo Zuluaga, “Montecristo”.
Esta fotografía fue tomada en 1930 por el artista Floro Ezequiel Zuluaga y es considerada posiblemente una de las primeras fotografías post mortem realizadas en El Santuario.
18 ENTIERRO DE LUIS PINEDA JIMÉNEZ
Don Luis Pineda Jiménez fue un reconocido personaje de la vida política local y regional.
Aunque no terminó sus estudios de Derecho, ejerció como abogado en asuntos relacionados principalmente con sucesiones, herencias y testamentos.
Murió el 6 de noviembre de 1956.
En la fotografía aparecen sus hijos durante el día de su entierro.
Fotografía: don Antonio Botero.
19 ENTIERRO DE DOÑA CLEOFE MARULANDA SOTO
Cleofe Marulanda Soto fue durante muchos años una de las parteras más reconocidas de El Santuario.
Estuvo casada con don Fermín Agudelo, con quien tuvo a José Cleofe Agudelo, quien también se desempeñó como partero y tanatopractor.
Doña Cleofe murió el 26 de octubre de 1957.
La fotografía registra el momento de su entierro en el antiguo cementerio de El Santuario.
Fotografía: don Antonio Botero.
20 ENTIERRO DE DON ALFREDO NARANJO GARCÍA
Don Alfredo Naranjo García fue comerciante y líder político de orientación conservadora.
Estuvo casado con doña Dolores Serna, con quien tuvo varios hijos, entre ellos el recordado “Kico Naranjo”.
Murió a los 83 años debido a una afección hepática y pancreática.
La fotografía fue tomada el 18 de enero de 1964, durante su entierro.
Fotografía: don Antonio Botero.
24 ENTIERRO DE LUIS ALFONSO GIRALDO ARISTIZÁBAL
Luis Alfonso Giraldo Aristizábal era hijo del maestro Ignacio Giraldo y de doña Josefa Aristizábal. Estaba casado con doña Dolores Serna.
El 20 de julio de 1961, durante la visita del general Gustavo Rojas Pinilla a El Santuario, Luis Alfonso cargó al general sobre sus hombros durante el recorrido por el municipio.
Posteriormente fue herido en el parque de La Judea, en un episodio relacionado con la intolerancia política de la época.
Fue trasladado a una clínica de Medellín, donde murió el 21 de julio.
Su entierro se realizó el 23 de julio de 1961.
Fotografía: don Antonio Botero.
25 ENTIERRO DE CARLOS JULIO GIRALDO GIRALDO
Carlos Julio Giraldo Giraldo, conocido como “Carisucio”, fue conductor de carros escalera.
Murió a los 30 años en un accidente ocurrido el 11 de marzo de 1972, en la carretera entre San Carlos y Granada.
Fue enterrado el 13 de marzo.
La fotografía muestra el desfile de vehículos hacia el cementerio, realizado por otros conductores como homenaje a su compañero y amigo.
Fotografía: don Antonio Botero.
26 ENTIERRO DE MIGUEL QUINTERO RAMÍREZ
Don Miguel Antonio Quintero Ramírez estuvo casado con doña Sabina Quintero.
Fueron padres de los reconocidos maestros Alfonso Quintero, conocido como “Pinganillo”, y Demetrio Quintero.
Don Miguel murió el 22 de mayo de 1961.
Fotografía: don Antonio Botero.
33 EL PADRE Y SU HIJA
Ignacio Aristizábal Torres y su esposa, Ligia Botero Botero, tuvieron el 8 de julio de 1963 unas gemelas llamadas Marta Dolly y Rocío.
Las niñas nacieron prematuramente y murieron pocas horas después de su nacimiento.
En la fotografía aparece don Ignacio Aristizábal con su hija Rocío.
Fotografía: don Antonio Botero.
34 ENTIERRO DE UNA NIÑA
En esta fotografía aparece una niña, nieta de don Antonio “Toño” García y de doña María Jesús Duque, durante su entierro.
De izquierda a derecha aparecen Joel Ramírez, policía; don Antonio García y doña María Jesús Duque.
La fotografía fue tomada por don Antonio Botero a comienzos de la década de 1960.
35 VELORIO DE ARACELLY ZULUAGA TORO
Aracelly Zuluaga Toro era hija del maestro de escuela don Noé Zuluaga, quien murió en la llamada “Tragedia del Ocho”, y de doña Adelaida Toro.
A los 18 años comenzó a padecer una enfermedad que posteriormente le produjo una neumonía.
Murió el 30 de enero de 1958.
En la fotografía aparece Aracelly durante su velorio, acompañada por quien fuera su novio, Humberto Pineda.
Fotografía: don Antonio Botero.
36 VELORIO DE UNA MADRE
Esta fotografía, tomada aproximadamente en 1955 por don Antonio Botero, registra el velorio de una mujer joven.
En la escena aparecen su esposo y tres niños, acompañando el féretro.
La imagen permite observar una escena familiar y las formas en que se vivían los rituales de despedida durante aquella época.
Fotografía: don Antonio Botero.
37 CUANDO LA INOCENCIA MUERE
Durante la década de 1960 era común que los entierros de los niños fueran acompañados por grupos de niños y niñas vestidos de blanco.
Esta vestimenta simbolizaba la pureza y hacía parte de un ritual de acompañamiento y solidaridad de la comunidad.
Los niños caminaban en procesión hacia el cementerio, unidos simbólicamente al cortejo mediante cintas blancas.
La fotografía fue tomada por don Antonio Botero en 1965.
39 NACEN DOS, VIVE UNO
El 16 de abril de 1953, don Gustavo Hoyos y doña Margarita Botero recibieron con alegría el nacimiento de sus hijos gemelos.
Sin embargo, pocas horas después del nacimiento, uno de ellos, Francisco Orlando Hoyos Botero, murió.
Su hermano sobreviviente fue llamado Lubín de Jesús Hoyos Botero.
La fotografía registra este momento y hace parte de la colección de fotografías post mortem de la Casa Museo.
Fotografía: don Antonio Botero.
The full English script for this room is being prepared. The Spanish version above is the source text used for the recording.
Las lápidas también nos hablan de la Cerámica de El Salto, donde fueron elaboradas muchas de estas piezas. En sus talleres se producían finas lozas destinadas, entre otros usos, a las lápidas del cementerio.
Estas piezas eran elaboradas en caolín, pintadas con tintilla y posteriormente sometidas a temperaturas de aproximadamente 1.500 grados.
Entre las piezas que encontramos aquí hay una lápida original: la de don José Jesús Ramírez, quien fue el autor del himno de Cocorná y fundador de la primera banda de músicos de El Santuario.
Las demás lápidas que observamos en este espacio son réplicas realizadas por el artista Jesús Aristizábal.
Pasemos ahora a las fotografías.
Las imágenes que encontramos aquí pertenecen a una tradición conocida como fotografía post mortem, que tuvo gran popularidad primero en Europa y posteriormente en América.
En El Santuario esta práctica también fue común durante varias décadas.
Desde la época de Floro Ezequiel Zuluaga y posteriormente con fotógrafos como Jesús Antonio Botero y Jesús Antonio Giraldo, era habitual que se fotografiara a las personas después de su fallecimiento.
En una época en la que la fotografía no hacía parte de la vida cotidiana como sucede hoy, esta podía ser, en algunos casos, la única imagen que una familia conservaba de una persona.
Por eso estas fotografías fueron una manera de preservar su recuerdo.
En esta colección encontramos escenas de entierros y velorios, pero también podemos reconocer personajes, familias, costumbres y formas en que la comunidad acompañaba la muerte.
A través de los códigos QR podrá conocer la historia de las personas que aparecen en ellas.
13 FRANCISCO GÓMEZ BOTERO
Francisco Gómez Botero era un joven de 17 años. El domingo 8 de mayo de 1955 murió después de lanzarse a las ruedas del camión de don Eleazar Giraldo.
El hecho ocurrió en la calle 49, junto a la Cerámica de Baltazar Pineda.
La fotografía fue tomada por don Antonio Botero.
17 ENTIERRO DE CHEPITO ZULUAGA
José María Zuluaga Gómez, conocido como “Chepito”, fue político, funcionario público y líder social de El Santuario.
Fue padre del médico Baudilio Zuluaga y abuelo del reconocido humorista Guillermo Zuluaga, “Montecristo”.
Esta fotografía fue tomada en 1930 por el artista Floro Ezequiel Zuluaga y es considerada posiblemente una de las primeras fotografías post mortem realizadas en El Santuario.
18 ENTIERRO DE LUIS PINEDA JIMÉNEZ
Don Luis Pineda Jiménez fue un reconocido personaje de la vida política local y regional.
Aunque no terminó sus estudios de Derecho, ejerció como abogado en asuntos relacionados principalmente con sucesiones, herencias y testamentos.
Murió el 6 de noviembre de 1956.
En la fotografía aparecen sus hijos durante el día de su entierro.
Fotografía: don Antonio Botero.
19 ENTIERRO DE DOÑA CLEOFE MARULANDA SOTO
Cleofe Marulanda Soto fue durante muchos años una de las parteras más reconocidas de El Santuario.
Estuvo casada con don Fermín Agudelo, con quien tuvo a José Cleofe Agudelo, quien también se desempeñó como partero y tanatopractor.
Doña Cleofe murió el 26 de octubre de 1957.
La fotografía registra el momento de su entierro en el antiguo cementerio de El Santuario.
Fotografía: don Antonio Botero.
20 ENTIERRO DE DON ALFREDO NARANJO GARCÍA
Don Alfredo Naranjo García fue comerciante y líder político de orientación conservadora.
Estuvo casado con doña Dolores Serna, con quien tuvo varios hijos, entre ellos el recordado “Kico Naranjo”.
Murió a los 83 años debido a una afección hepática y pancreática.
La fotografía fue tomada el 18 de enero de 1964, durante su entierro.
Fotografía: don Antonio Botero.
24 ENTIERRO DE LUIS ALFONSO GIRALDO ARISTIZÁBAL
Luis Alfonso Giraldo Aristizábal era hijo del maestro Ignacio Giraldo y de doña Josefa Aristizábal. Estaba casado con doña Dolores Serna.
El 20 de julio de 1961, durante la visita del general Gustavo Rojas Pinilla a El Santuario, Luis Alfonso cargó al general sobre sus hombros durante el recorrido por el municipio.
Posteriormente fue herido en el parque de La Judea, en un episodio relacionado con la intolerancia política de la época.
Fue trasladado a una clínica de Medellín, donde murió el 21 de julio.
Su entierro se realizó el 23 de julio de 1961.
Fotografía: don Antonio Botero.
25 ENTIERRO DE CARLOS JULIO GIRALDO GIRALDO
Carlos Julio Giraldo Giraldo, conocido como “Carisucio”, fue conductor de carros escalera.
Murió a los 30 años en un accidente ocurrido el 11 de marzo de 1972, en la carretera entre San Carlos y Granada.
Fue enterrado el 13 de marzo.
La fotografía muestra el desfile de vehículos hacia el cementerio, realizado por otros conductores como homenaje a su compañero y amigo.
Fotografía: don Antonio Botero.
26 ENTIERRO DE MIGUEL QUINTERO RAMÍREZ
Don Miguel Antonio Quintero Ramírez estuvo casado con doña Sabina Quintero.
Fueron padres de los reconocidos maestros Alfonso Quintero, conocido como “Pinganillo”, y Demetrio Quintero.
Don Miguel murió el 22 de mayo de 1961.
Fotografía: don Antonio Botero.
33 EL PADRE Y SU HIJA
Ignacio Aristizábal Torres y su esposa, Ligia Botero Botero, tuvieron el 8 de julio de 1963 unas gemelas llamadas Marta Dolly y Rocío.
Las niñas nacieron prematuramente y murieron pocas horas después de su nacimiento.
En la fotografía aparece don Ignacio Aristizábal con su hija Rocío.
Fotografía: don Antonio Botero.
34 ENTIERRO DE UNA NIÑA
En esta fotografía aparece una niña, nieta de don Antonio “Toño” García y de doña María Jesús Duque, durante su entierro.
De izquierda a derecha aparecen Joel Ramírez, policía; don Antonio García y doña María Jesús Duque.
La fotografía fue tomada por don Antonio Botero a comienzos de la década de 1960.
35 VELORIO DE ARACELLY ZULUAGA TORO
Aracelly Zuluaga Toro era hija del maestro de escuela don Noé Zuluaga, quien murió en la llamada “Tragedia del Ocho”, y de doña Adelaida Toro.
A los 18 años comenzó a padecer una enfermedad que posteriormente le produjo una neumonía.
Murió el 30 de enero de 1958.
En la fotografía aparece Aracelly durante su velorio, acompañada por quien fuera su novio, Humberto Pineda.
Fotografía: don Antonio Botero.
36 VELORIO DE UNA MADRE
Esta fotografía, tomada aproximadamente en 1955 por don Antonio Botero, registra el velorio de una mujer joven.
En la escena aparecen su esposo y tres niños, acompañando el féretro.
La imagen permite observar una escena familiar y las formas en que se vivían los rituales de despedida durante aquella época.
Fotografía: don Antonio Botero.
37 CUANDO LA INOCENCIA MUERE
Durante la década de 1960 era común que los entierros de los niños fueran acompañados por grupos de niños y niñas vestidos de blanco.
Esta vestimenta simbolizaba la pureza y hacía parte de un ritual de acompañamiento y solidaridad de la comunidad.
Los niños caminaban en procesión hacia el cementerio, unidos simbólicamente al cortejo mediante cintas blancas.
La fotografía fue tomada por don Antonio Botero en 1965.
39 NACEN DOS, VIVE UNO
El 16 de abril de 1953, don Gustavo Hoyos y doña Margarita Botero recibieron con alegría el nacimiento de sus hijos gemelos.
Sin embargo, pocas horas después del nacimiento, uno de ellos, Francisco Orlando Hoyos Botero, murió.
Su hermano sobreviviente fue llamado Lubín de Jesús Hoyos Botero.
La fotografía registra este momento y hace parte de la colección de fotografías post mortem de la Casa Museo.
Fotografía: don Antonio Botero.
Salón de los artistasThe Artists’ Room
Creatividad como patrimonioCreativity as heritage
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El arte también hace parte de nuestra memoria.
Este espacio reúne a algunos de los artistas santuarianos que, a través de la fotografía, la pintura, la escultura, la música y las nuevas formas de comunicación, dejaron una huella en la historia de nuestro municipio.
Más que conservar sus obras y objetos, queremos reconocer en ellos una posibilidad: la creatividad como una forma de expresión, de trabajo y de vida.
Art is also part of our memory.
This space brings together some of the artists of El Santuario who, through photography, painting, sculpture, music and the new forms of communication, left their mark on the history of our municipality.
More than preserving their works and objects, we want to recognise in them a possibility: creativity as a form of expression, of work and of life.
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Este espacio tiene un significado muy especial para la Casa Museo.
Aquí queremos preservar para las nuevas generaciones una parte del patrimonio antropológico de los santuarianos: nuestra capacidad de crear, imaginar y expresarnos a través del arte.
Los artistas que encontramos en esta sala no solamente dejaron obras.
También dejaron historias, oficios, conocimientos y nuevas posibilidades para quienes vinieron después.
Comenzamos con uno de los personajes más versátiles que ha tenido El Santuario: Floro Ezequiel Zuluaga, quien vivió entre 1895 y 1976.
Floro Ezequiel fue fotógrafo, pintor y escultor, pero su curiosidad iba mucho más allá de las artes.
Fue también un pionero de las comunicaciones en nuestro municipio, al introducir la radio y el cine en El Santuario.
Su historia nos muestra algo muy especial: la creatividad no siempre cabe dentro de una sola disciplina.
Una persona puede observar, experimentar, aprender y abrir caminos completamente nuevos para su comunidad.
Continuamos con Jesús Antonio Botero, conocido cariñosamente como “Boterito”.
Desde 1945 hasta 1975 mantuvo su taller “Foto Arte”, continuando una tradición fotográfica que se convirtió en parte importante de la memoria de nuestro pueblo.
Boterito es reconocido además por conservar el archivo fotográfico más extenso de El Santuario.
Gracias a fotógrafos como él podemos hoy mirar hacia atrás y reconocer personas, lugares y momentos que de otra manera podrían haberse perdido.
Seguimos con Jesús Antonio Giraldo, conocido por los santuarianos como “Toñito el fotógrafo”.
En 1968 introdujo la fotografía en El Santuario y rápidamente se convirtió en una figura muy reconocida.
Desde la década de los setenta y hasta comienzos de los años 2000, fue uno de los fotógrafos más influyentes del municipio.
Su trabajo nos permite entender cómo la fotografía fue cambiando con el tiempo y cómo, generación tras generación, los fotógrafos se convirtieron en verdaderos guardianes de la memoria.
Y llegamos ahora a la música.
Roberto Pineda Duque es considerado el máximo exponente de la música en El Santuario.
Su trayectoria trascendió las fronteras de nuestro municipio. Llegó a ser director de la Filarmónica de Bogotá y compuso la música del himno de esta ciudad.
Su historia nos recuerda que el talento que nace en un pueblo puede llegar muy lejos.
Pero también nos habla del poder de la música para representar y conectar a una comunidad.
En esta sala encontramos además un objeto que nos conecta directamente con la historia musical y educativa: un antiguo armonio alemán.
Este instrumento llegó en 1922, traído por las Hermanas Salesianas desde Italia cuando asumieron la dirección del Colegio La Inmaculada, institución que posteriormente se convertiría en el Colegio María Auxiliadora.
Un objeto que cruzó el océano y terminó formando parte de la vida de varias generaciones de santuarianos.
The full English script for this room is being prepared. The Spanish version above is the source text used for the recording.
Este espacio tiene un significado muy especial para la Casa Museo.
Aquí queremos preservar para las nuevas generaciones una parte del patrimonio antropológico de los santuarianos: nuestra capacidad de crear, imaginar y expresarnos a través del arte.
Los artistas que encontramos en esta sala no solamente dejaron obras.
También dejaron historias, oficios, conocimientos y nuevas posibilidades para quienes vinieron después.
Comenzamos con uno de los personajes más versátiles que ha tenido El Santuario: Floro Ezequiel Zuluaga, quien vivió entre 1895 y 1976.
Floro Ezequiel fue fotógrafo, pintor y escultor, pero su curiosidad iba mucho más allá de las artes.
Fue también un pionero de las comunicaciones en nuestro municipio, al introducir la radio y el cine en El Santuario.
Su historia nos muestra algo muy especial: la creatividad no siempre cabe dentro de una sola disciplina.
Una persona puede observar, experimentar, aprender y abrir caminos completamente nuevos para su comunidad.
Continuamos con Jesús Antonio Botero, conocido cariñosamente como “Boterito”.
Desde 1945 hasta 1975 mantuvo su taller “Foto Arte”, continuando una tradición fotográfica que se convirtió en parte importante de la memoria de nuestro pueblo.
Boterito es reconocido además por conservar el archivo fotográfico más extenso de El Santuario.
Gracias a fotógrafos como él podemos hoy mirar hacia atrás y reconocer personas, lugares y momentos que de otra manera podrían haberse perdido.
Seguimos con Jesús Antonio Giraldo, conocido por los santuarianos como “Toñito el fotógrafo”.
En 1968 introdujo la fotografía en El Santuario y rápidamente se convirtió en una figura muy reconocida.
Desde la década de los setenta y hasta comienzos de los años 2000, fue uno de los fotógrafos más influyentes del municipio.
Su trabajo nos permite entender cómo la fotografía fue cambiando con el tiempo y cómo, generación tras generación, los fotógrafos se convirtieron en verdaderos guardianes de la memoria.
Y llegamos ahora a la música.
Roberto Pineda Duque es considerado el máximo exponente de la música en El Santuario.
Su trayectoria trascendió las fronteras de nuestro municipio. Llegó a ser director de la Filarmónica de Bogotá y compuso la música del himno de esta ciudad.
Su historia nos recuerda que el talento que nace en un pueblo puede llegar muy lejos.
Pero también nos habla del poder de la música para representar y conectar a una comunidad.
En esta sala encontramos además un objeto que nos conecta directamente con la historia musical y educativa: un antiguo armonio alemán.
Este instrumento llegó en 1922, traído por las Hermanas Salesianas desde Italia cuando asumieron la dirección del Colegio La Inmaculada, institución que posteriormente se convertiría en el Colegio María Auxiliadora.
Un objeto que cruzó el océano y terminó formando parte de la vida de varias generaciones de santuarianos.
Sala de TertuliaThe Conversation Room
Historias, personajes y recuerdosStories, characters and memories
Audio en preparación. Las grabaciones de esta sala van en audio/es/08-sala-tertulia/ y el reproductor se activa solo.
Recording in preparation. This room’s files go in audio/en/08-sala-tertulia/ and the player activates automatically.
Esta sala reúne algunas historias, imágenes y personajes que hacen parte de la memoria de El Santuario.
Aquí encontramos fotografías que muestran cómo ha cambiado nuestro pueblo, objetos que hablan de su historia y personas que, con sus palabras, sus acciones y sus recuerdos, dejaron una huella en la comunidad.
Es también un espacio para recordar una tradición que ha acompañado a muchas generaciones: la tertulia, ese momento de reunirse para conversar, escuchar historias, compartir recuerdos y pasar el tiempo juntos.
This room gathers stories, images and characters that are part of the memory of El Santuario.
Here we find photographs showing how our town has changed, objects that speak of its history, and people who left a mark on the community through their words, their actions and their memories.
It is also a place to remember a tradition that has accompanied many generations: the tertulia, that moment of coming together to talk, listen to stories, share memories and simply spend time with one another.
Leer el guion completo de la salaRead the full room script
Estamos ahora en la Sala de Tertulia, un espacio dedicado a las historias, los personajes y los recuerdos que hacen parte de la memoria de El Santuario.
Los invitamos a recorrerla de izquierda a derecha.
Comenzamos con las fotografías panorámicas de El Santuario.
Estas imágenes nos permiten observar cómo ha cambiado nuestro pueblo a través de los años. El paisaje, las construcciones y las calles se transforman, pero las fotografías nos ayudan a conservar una imagen de aquello que alguna vez estuvo aquí.
Más adelante encontramos dos piezas que nos acercan a momentos importantes de nuestra historia: el primer escudo de El Santuario y una antigua bayoneta.
El primer escudo fue encargado en 1932 por la Sociedad de Mejoras Públicas y fue pintado por Florito Zuluaga.
En él se rinde homenaje principalmente a José María Córdova, el Bravo León de Ayacucho, una figura fundamental de nuestra historia.
Junto a él encontramos una bayoneta que data aproximadamente de 1864.
Este objeto nos lleva a un periodo marcado por los enfrentamientos entre conservadores y liberales y, particularmente, por las persecuciones religiosas de aquella época.
Son objetos que, aunque pequeños, nos permiten acercarnos a momentos complejos de la historia de nuestro país y de nuestra comunidad.
Ahora llegamos a uno de los personajes más queridos de esta sala: Ramoncito Zuluaga.
A comienzos del siglo XX, Ramoncito se destacó en diferentes oficios. Fue comerciante de telas, arriero y tinturador de cabuya.
Pero, más allá de sus oficios, hubo algo que lo hizo especialmente recordado por los santuarianos: su amor por las historias.
Ramoncito tenía una gran creatividad para contar relatos y disfrutaba especialmente compartirlos con los niños.
Por eso ellos mismos le dieron un nombre que terminó convirtiéndose en parte de su memoria: “El Palabrero Mayor”.
Se cuenta que le gustaba reunirse con los niños en la plaza y comenzar a contarles una historia. Pero muchas veces llegaba el momento más interesante y Ramoncito la dejaba en suspenso.
La historia continuaría al día siguiente.
Y así, los niños regresaban con la curiosidad de saber qué había pasado.
Ese recuerdo representa muy bien el espíritu de una tertulia: la palabra como una forma de reunirnos, de transmitir conocimiento y de mantener viva una historia.
Continuamos ahora hacia la pared dedicada a los fundadores de la Fundación Aurum y de este proyecto.
Aquí encontramos personas que fueron fundamentales para que esta casa pudiera convertirse en lo que es hoy. Algunas ya no están con nosotros, pero su aporte permanece en cada espacio de este lugar.
Esta pared es, sobre todo, un gesto de gratitud y reconocimiento hacia quienes hicieron parte de este sueño.
En esta esquina encontramos las fotografías de Gilberto Salazar, quien estuvo ligado a la historia de esta casa de más de 200 años y fue también un hombre de liderazgo para El Santuario.
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Estamos ahora en la Sala de Tertulia, un espacio dedicado a las historias, los personajes y los recuerdos que hacen parte de la memoria de El Santuario.
Los invitamos a recorrerla de izquierda a derecha.
Comenzamos con las fotografías panorámicas de El Santuario.
Estas imágenes nos permiten observar cómo ha cambiado nuestro pueblo a través de los años. El paisaje, las construcciones y las calles se transforman, pero las fotografías nos ayudan a conservar una imagen de aquello que alguna vez estuvo aquí.
Más adelante encontramos dos piezas que nos acercan a momentos importantes de nuestra historia: el primer escudo de El Santuario y una antigua bayoneta.
El primer escudo fue encargado en 1932 por la Sociedad de Mejoras Públicas y fue pintado por Florito Zuluaga.
En él se rinde homenaje principalmente a José María Córdova, el Bravo León de Ayacucho, una figura fundamental de nuestra historia.
Junto a él encontramos una bayoneta que data aproximadamente de 1864.
Este objeto nos lleva a un periodo marcado por los enfrentamientos entre conservadores y liberales y, particularmente, por las persecuciones religiosas de aquella época.
Son objetos que, aunque pequeños, nos permiten acercarnos a momentos complejos de la historia de nuestro país y de nuestra comunidad.
Ahora llegamos a uno de los personajes más queridos de esta sala: Ramoncito Zuluaga.
A comienzos del siglo XX, Ramoncito se destacó en diferentes oficios. Fue comerciante de telas, arriero y tinturador de cabuya.
Pero, más allá de sus oficios, hubo algo que lo hizo especialmente recordado por los santuarianos: su amor por las historias.
Ramoncito tenía una gran creatividad para contar relatos y disfrutaba especialmente compartirlos con los niños.
Por eso ellos mismos le dieron un nombre que terminó convirtiéndose en parte de su memoria: “El Palabrero Mayor”.
Se cuenta que le gustaba reunirse con los niños en la plaza y comenzar a contarles una historia. Pero muchas veces llegaba el momento más interesante y Ramoncito la dejaba en suspenso.
La historia continuaría al día siguiente.
Y así, los niños regresaban con la curiosidad de saber qué había pasado.
Ese recuerdo representa muy bien el espíritu de una tertulia: la palabra como una forma de reunirnos, de transmitir conocimiento y de mantener viva una historia.
Continuamos ahora hacia la pared dedicada a los fundadores de la Fundación Aurum y de este proyecto.
Aquí encontramos personas que fueron fundamentales para que esta casa pudiera convertirse en lo que es hoy. Algunas ya no están con nosotros, pero su aporte permanece en cada espacio de este lugar.
Esta pared es, sobre todo, un gesto de gratitud y reconocimiento hacia quienes hicieron parte de este sueño.
En esta esquina encontramos las fotografías de Gilberto Salazar, quien estuvo ligado a la historia de esta casa de más de 200 años y fue también un hombre de liderazgo para El Santuario.
Cocina CampesinaThe Country Kitchen
Homenaje al campesino santuarianoA tribute to the campesino
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La cocina campesina es un homenaje a nuestros campesinos, alma y nervio de la sociedad santuariana.
Este espacio evoca las cocinas de antaño, donde el fogón era mucho más que un lugar para preparar los alimentos: era un punto de encuentro para la familia, las historias y los saberes que pasaban de una generación a otra.
El pilón, la piedra de moler, las bateas y demás utensilios nos acercan a una forma de vida en la que las manos, la tierra y el ingenio eran protagonistas.
Una invitación a recordar nuestras raíces y reconocer en ellas parte de lo que somos como santuarianos.
The country kitchen is a tribute to our campesinos, the soul and sinew of life in El Santuario.
This space evokes the kitchens of times past, where the hearth was far more than a place to cook: it was a meeting point for the family, for stories and for knowledge passed from one generation to the next.
The pilón, the grinding stone, the wooden basins and the other utensils bring us close to a way of life in which hands, land and ingenuity were the protagonists.
An invitation to remember our roots and to recognise in them part of who we are.
Leer el guion completo de la salaRead the full room script
Bienvenidos a la Cocina Campesina.
Este espacio es un homenaje a nuestros campesinos, alma y nervio de la sociedad santuariana y uno de nuestros principales referentes ancestrales.
Cuando pensamos en una cocina campesina, pensamos mucho más que en un lugar para preparar alimentos.
Pensamos en el fogón encendido, en el trabajo de las manos, en los productos de la tierra y en las familias reunidas alrededor de una mesa.
Durante generaciones, la cocina fue también un lugar para aprender. Allí se enseñaban recetas, formas de cultivar y preparar los alimentos, pero también historias, costumbres y maneras de vivir.
Por eso, en esta sala hemos querido recrear algunos elementos propios de esas cocinas de antaño: el fogón, el pilón, la piedra de moler y las bateas.
Objetos sencillos, pero llenos de significado.
La piedra de moler nos habla del trabajo cotidiano; el pilón, de la transformación de los alimentos; y el fogón, de ese lugar donde se cocinaba, se compartía y se reunía la familia.
Esta cocina también nos recuerda la profunda relación entre el campo y nuestro municipio. Gran parte de lo que somos como santuarianos tiene sus raíces en la vida campesina, en el trabajo de la tierra y en los conocimientos que nuestros campesinos han conservado y transmitido a través del tiempo.
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Bienvenidos a la Cocina Campesina.
Este espacio es un homenaje a nuestros campesinos, alma y nervio de la sociedad santuariana y uno de nuestros principales referentes ancestrales.
Cuando pensamos en una cocina campesina, pensamos mucho más que en un lugar para preparar alimentos.
Pensamos en el fogón encendido, en el trabajo de las manos, en los productos de la tierra y en las familias reunidas alrededor de una mesa.
Durante generaciones, la cocina fue también un lugar para aprender. Allí se enseñaban recetas, formas de cultivar y preparar los alimentos, pero también historias, costumbres y maneras de vivir.
Por eso, en esta sala hemos querido recrear algunos elementos propios de esas cocinas de antaño: el fogón, el pilón, la piedra de moler y las bateas.
Objetos sencillos, pero llenos de significado.
La piedra de moler nos habla del trabajo cotidiano; el pilón, de la transformación de los alimentos; y el fogón, de ese lugar donde se cocinaba, se compartía y se reunía la familia.
Esta cocina también nos recuerda la profunda relación entre el campo y nuestro municipio. Gran parte de lo que somos como santuarianos tiene sus raíces en la vida campesina, en el trabajo de la tierra y en los conocimientos que nuestros campesinos han conservado y transmitido a través del tiempo.
Espacio en honor a la cerámicaIn Honour of Ceramics
La Cerámica de El SaltoCerámica de El Salto
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La tierra también cuenta nuestra historia.La tierra también cuenta nuestra historia.
En este espacio rendimos homenaje a la tradición ceramista de El Santuario y, especialmente, a la Cerámica de El Salto, una de las primeras fábricas de cerámica establecidas en Colombia.
Desde finales del siglo XIX, el barro se convirtió en materia prima para crear objetos de uso cotidiano, piezas religiosas y elementos que hicieron parte de la vida de muchas generaciones.
Hoy, los restos de sus antiguos hornos permanecen en El Salto como testigos de una historia que hace parte de nuestra memoria industrial y cultural.
The earth also tells our history.
This space pays tribute to the ceramic tradition of El Santuario and, above all, to Cerámica de El Salto, one of the first ceramic factories established in Colombia.
From the late nineteenth century, clay became the raw material for everyday objects, religious pieces and elements that were part of the lives of many generations.
Today the remains of its old kilns still stand in El Salto as witnesses to a history that belongs to our industrial and cultural memory.
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En este rincón queremos hacer un homenaje especial a la Cerámica de El Salto, una de las primeras fábricas de cerámica que se establecieron en Colombia.
Su historia comenzó en 1880, y durante las siguientes décadas experimentó un importante crecimiento y producción.
La fábrica llegó a elaborar una gran variedad de productos. Entre ellos encontramos lápidas, aisladores de energía, inodoros, pilastras e imágenes religiosas.
Esto nos permite entender que la cerámica no era solamente una expresión artesanal. También tuvo un papel importante en la vida cotidiana, en la construcción y en el desarrollo económico de la región.
Durante muchos años, el trabajo de transformar el barro mediante el fuego hizo parte de la actividad productiva de El Santuario.
Pero, como muchas industrias, la Cerámica de El Salto fue enfrentando diferentes dificultades económicas. Su producción fue disminuyendo progresivamente hasta que finalmente cerró sus puertas en 1985.
Aunque la fábrica desapareció, su historia permanece.
Y uno de los testimonios más importantes que todavía podemos encontrar son los restos de sus antiguos hornos en El Salto.
Estos hornos nos permiten imaginar aquel lugar en funcionamiento: el barro transformándose con el calor, los trabajadores dando forma a las piezas y una producción que durante décadas hizo parte de la vida de nuestro municipio.
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En este rincón queremos hacer un homenaje especial a la Cerámica de El Salto, una de las primeras fábricas de cerámica que se establecieron en Colombia.
Su historia comenzó en 1880, y durante las siguientes décadas experimentó un importante crecimiento y producción.
La fábrica llegó a elaborar una gran variedad de productos. Entre ellos encontramos lápidas, aisladores de energía, inodoros, pilastras e imágenes religiosas.
Esto nos permite entender que la cerámica no era solamente una expresión artesanal. También tuvo un papel importante en la vida cotidiana, en la construcción y en el desarrollo económico de la región.
Durante muchos años, el trabajo de transformar el barro mediante el fuego hizo parte de la actividad productiva de El Santuario.
Pero, como muchas industrias, la Cerámica de El Salto fue enfrentando diferentes dificultades económicas. Su producción fue disminuyendo progresivamente hasta que finalmente cerró sus puertas en 1985.
Aunque la fábrica desapareció, su historia permanece.
Y uno de los testimonios más importantes que todavía podemos encontrar son los restos de sus antiguos hornos en El Salto.
Estos hornos nos permiten imaginar aquel lugar en funcionamiento: el barro transformándose con el calor, los trabajadores dando forma a las piezas y una producción que durante décadas hizo parte de la vida de nuestro municipio.
El BaratónEl Baratón
Memoria del comercio santuarianoThe memory of local commerce
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El Baratón: 98 años de historiaEl Baratón: 98 years of history
Este espacio es un homenaje al comercio santuariano y, especialmente, al almacén El Baratón, una institución que ha acompañado la vida de varias generaciones de habitantes de El Santuario.
Durante 98 años, El Baratón ha sido mucho más que un lugar para comprar ropa. Para muchas familias santuarianas, hace parte de sus recuerdos: allí sus padres compraron prendas para ellos, y allí también se encontraron telas, vestidos, zapatos, sombreros y muchos de los objetos que hicieron parte de la vida cotidiana.
This space is a tribute to the commerce of El Santuario and, in particular, to El Baratón, a shop that has accompanied the lives of several generations in this town.
For 98 years El Baratón has been much more than a place to buy clothes. For many local families it is part of their memories: it is where their parents bought their clothes, and where they found fabrics, dresses, shoes, hats and many of the objects that made up everyday life.
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Este espacio es un tributo al comercio santuariano y, especialmente, al almacén El Baratón, que durante 98 años ha hecho parte de la memoria de muchas familias del municipio.
La historia comenzó con Don Delio de Jesús Zuluaga Duque. Después de cumplir su servicio militar en Sonsón, alrededor de 1925, se unió a su padre, Don Ramón Emilio Zuluaga, conocido como el Palabrero Mayor, para trabajar como arriero.
Juntos viajaban en sus bestias hasta Medellín. El recorrido tomaba dos días. Llegaban primero a lo que hoy conocemos como la glorieta de Sajonia y, al día siguiente, descendían hacia Medellín por Santa Elena.
En Medellín comenzaron a relacionarse con diferentes comerciantes y conocieron una oportunidad que cambiaría el rumbo de su negocio: algunas fábricas textiles, entre ellas Coltejer, Fabricato y Rosellón, vendían retazos de segunda, algunos con imperfecciones o estampados defectuosos.
Don Delio y su padre comenzaron a comprar estos retazos para venderlos, junto con hilaza, en la Plaza José María Córdoba de El Santuario.
Poco a poco, el negocio fue creciendo. Los retazos dieron paso a telas de mejor calidad y posteriormente a un local que funcionaba principalmente los fines de semana, donde los santuarianos podían comprar telas para confeccionar sus propias prendas.
En esta historia también fue fundamental doña Celia Inés Ramírez Orozco, esposa de Don Delio, quien confeccionaba prendas para los habitantes del pueblo y para el propio almacén: camisas, delantales, abrigos y vestidos para primeras comuniones.
Con el tiempo, El Baratón pasó de vender telas a ofrecer prendas confeccionadas que llegaban desde Medellín y Bogotá. Así, el almacén fue acompañando los cambios en la manera de vestir de los santuarianos.
Después, Don Jaime Zuluaga Ramírez, hijo de Don Delio, continuó la historia. A los 22 años dejó el seminario y comenzó a trabajar con su padre, encargándose de las cuentas, el inventario y la atención de los clientes. Tras el fallecimiento de Don Delio, asumió la responsabilidad del establecimiento.
Con los años, El Baratón amplió su oferta. Allí se podían encontrar sombreros, ruanas, zapatos, botas, electrodomésticos y muchos otros productos.
Pero la historia de El Baratón también está hecha de las personas que trabajaron allí.
Don José, por ejemplo, trabajó durante 40 años en el almacén. Atendía los sábados y domingos, mientras durante la semana se dedicaba a la agricultura. Incluso sus hijos colaboraban con él los fines de semana.
Hoy, después de 98 años, El Baratón continúa siendo parte de la historia comercial de El Santuario.
Y quizás por eso este lugar permanece en la memoria de tantas personas.
Porque cuando pensamos en El Baratón, no pensamos solamente en un almacén.
Pensamos en nuestros padres, en nuestra ropa, en las compras de la familia y en momentos de nuestra propia historia.
El comercio también es memoria. Y en El Santuario, muchas historias comenzaron detrás de un mostrador.
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Este espacio es un tributo al comercio santuariano y, especialmente, al almacén El Baratón, que durante 98 años ha hecho parte de la memoria de muchas familias del municipio.
La historia comenzó con Don Delio de Jesús Zuluaga Duque. Después de cumplir su servicio militar en Sonsón, alrededor de 1925, se unió a su padre, Don Ramón Emilio Zuluaga, conocido como el Palabrero Mayor, para trabajar como arriero.
Juntos viajaban en sus bestias hasta Medellín. El recorrido tomaba dos días. Llegaban primero a lo que hoy conocemos como la glorieta de Sajonia y, al día siguiente, descendían hacia Medellín por Santa Elena.
En Medellín comenzaron a relacionarse con diferentes comerciantes y conocieron una oportunidad que cambiaría el rumbo de su negocio: algunas fábricas textiles, entre ellas Coltejer, Fabricato y Rosellón, vendían retazos de segunda, algunos con imperfecciones o estampados defectuosos.
Don Delio y su padre comenzaron a comprar estos retazos para venderlos, junto con hilaza, en la Plaza José María Córdoba de El Santuario.
Poco a poco, el negocio fue creciendo. Los retazos dieron paso a telas de mejor calidad y posteriormente a un local que funcionaba principalmente los fines de semana, donde los santuarianos podían comprar telas para confeccionar sus propias prendas.
En esta historia también fue fundamental doña Celia Inés Ramírez Orozco, esposa de Don Delio, quien confeccionaba prendas para los habitantes del pueblo y para el propio almacén: camisas, delantales, abrigos y vestidos para primeras comuniones.
Con el tiempo, El Baratón pasó de vender telas a ofrecer prendas confeccionadas que llegaban desde Medellín y Bogotá. Así, el almacén fue acompañando los cambios en la manera de vestir de los santuarianos.
Después, Don Jaime Zuluaga Ramírez, hijo de Don Delio, continuó la historia. A los 22 años dejó el seminario y comenzó a trabajar con su padre, encargándose de las cuentas, el inventario y la atención de los clientes. Tras el fallecimiento de Don Delio, asumió la responsabilidad del establecimiento.
Con los años, El Baratón amplió su oferta. Allí se podían encontrar sombreros, ruanas, zapatos, botas, electrodomésticos y muchos otros productos.
Pero la historia de El Baratón también está hecha de las personas que trabajaron allí.
Don José, por ejemplo, trabajó durante 40 años en el almacén. Atendía los sábados y domingos, mientras durante la semana se dedicaba a la agricultura. Incluso sus hijos colaboraban con él los fines de semana.
Hoy, después de 98 años, El Baratón continúa siendo parte de la historia comercial de El Santuario.
Y quizás por eso este lugar permanece en la memoria de tantas personas.
Porque cuando pensamos en El Baratón, no pensamos solamente en un almacén.
Pensamos en nuestros padres, en nuestra ropa, en las compras de la familia y en momentos de nuestra propia historia.
El comercio también es memoria. Y en El Santuario, muchas historias comenzaron detrás de un mostrador.
📋 Notas del equipo — pendientes del guion y archivos de audio
Pendientes por completar (señalados en el guion original)
- Parada 04 · Y finalmente tenemos otras fotos panoramicas de: ………………………..
- Parada 05 · FALTAN MARGARITA, CLAVER RAMIREZ Y LA HISTORIA DEL PROYECTOR DE CINE
- Parada 07 · FALTAN LAS FOTOS DE LOS PROFESORES
Archivos esperados por sala
Cada sala tiene su propia carpeta de audio con una pista por objeto o sección. Publique cada archivo con el nombre exacto de la tabla y la página lo detecta sola: la pista aparece en la lista con su duración real, y las que todavía no existen quedan ocultas. Lo mismo con las fotografías en img/. Si falta un archivo, la sala se muestra sin él, sin errores ni espacios vacíos.
Para añadir una pista que no esté en esta tabla hace falta declararla en el HTML; avísenos y la agregamos.
Fotografías: JPG horizontal, proporción 16:10 (por ejemplo 1600 × 1000 px), optimizado a menos de 400 KB para que cargue rápido en el celular de los visitantes.
| # | Sala | Pista | Contenido | Archivo (español) | Código QR |
|---|---|---|---|---|---|
| 01 | Capilla de San José | 1 | Introducción | audio/es/01-capilla-san-jose/01-introduccion.mp3 | t01-01 |
| 2 | Escultura de San José | audio/es/01-capilla-san-jose/02-escultura-san-jose.mp3 | t01-02 | ||
| 3 | Cristo | audio/es/01-capilla-san-jose/03-cristo.mp3 | t01-03 | ||
| 4 | Misal en latín y humeral | audio/es/01-capilla-san-jose/04-misal-humeral.mp3 | t01-04 | ||
| 5 | Comulgatorio y vitral | audio/es/01-capilla-san-jose/05-comulgatorio-vitral.mp3 | t01-05 | ||
| 6 | Mesa del altar | audio/es/01-capilla-san-jose/06-mesa-altar.mp3 | t01-06 | ||
| 7 | Sagrario | audio/es/01-capilla-san-jose/07-sagrario.mp3 | t01-07 | ||
| 8 | Bancas | audio/es/01-capilla-san-jose/08-bancas.mp3 | t01-08 | ||
| 9 | Rincón de religiosidad popular | audio/es/01-capilla-san-jose/09-religiosidad-popular.mp3 | t01-09 | ||
| 10 | Juicio Final | audio/es/01-capilla-san-jose/10-juicio-final.mp3 | t01-10 | ||
| 11 | La Asunción de Nuestra Señora de las Rocas | audio/es/01-capilla-san-jose/11-asuncion.mp3 | t01-11 | ||
| 02 | La Sacristía | 1 | Introducción | audio/es/02-sacristia/01-introduccion.mp3 | t02-01 |
| 2 | Ezequiel Botero | audio/es/02-sacristia/02-ezequiel-botero.mp3 | t02-02 | ||
| 3 | Jerarquía de la Acción Católica | audio/es/02-sacristia/03-jerarquia-accion-catolica.mp3 | t02-03 | ||
| 4 | Los hijos de la promesa | audio/es/02-sacristia/04-hijos-promesa.mp3 | t02-04 | ||
| 5 | Padre Antonio Gómez | audio/es/02-sacristia/05-padre-antonio-gomez.mp3 | t02-05 | ||
| 03 | Sala Matrimonial | 1 | Introducción | audio/es/03-sala-matrimonial/01-introduccion.mp3 | t03-01 |
| 2 | Matrimonio Serna Gómez · el desfile | audio/es/03-sala-matrimonial/02-serna-gomez-desfile.mp3 | t03-02 | ||
| 3 | Matrimonio Gómez Giraldo · 1958 | audio/es/03-sala-matrimonial/03-gomez-giraldo.mp3 | t03-03 | ||
| 4 | Matrimonio Zuluaga Aristizábal · 1928 | audio/es/03-sala-matrimonial/04-zuluaga-aristizabal.mp3 | t03-04 | ||
| 5 | Matrimonio Serna Gómez · 1959 | audio/es/03-sala-matrimonial/05-serna-gomez-1959.mp3 | t03-05 | ||
| 6 | Matrimonio Orozco Quintero | audio/es/03-sala-matrimonial/06-orozco-quintero.mp3 | t03-06 | ||
| 7 | Matrimonio Botero Gómez · 1961 | audio/es/03-sala-matrimonial/07-botero-gomez-1961.mp3 | t03-07 | ||
| 8 | Matrimonio Castaño Zuluaga · 1962 | audio/es/03-sala-matrimonial/08-castano-zuluaga.mp3 | t03-08 | ||
| 9 | Matrimonio Alzate Zuluaga · 1961 | audio/es/03-sala-matrimonial/09-alzate-zuluaga.mp3 | t03-09 | ||
| 10 | Matrimonio Botero Gómez · 1949 | audio/es/03-sala-matrimonial/10-botero-gomez-1949.mp3 | t03-10 | ||
| 11 | Matrimonio Zuluaga López · 1965 | audio/es/03-sala-matrimonial/11-zuluaga-lopez.mp3 | t03-11 | ||
| 12 | Matrimonio Pineda Jiménez · 1965 | audio/es/03-sala-matrimonial/12-pineda-jimenez.mp3 | t03-12 | ||
| 04 | La Sala | 1 | Introducción y objetos de la sala | audio/es/04-la-sala/01-introduccion.mp3 | t04-01 |
| 2 | Familia Pineda Serna | audio/es/04-la-sala/02-pineda-serna.mp3 | t04-02 | ||
| 3 | Familia Zuluaga Ramírez | audio/es/04-la-sala/03-zuluaga-ramirez.mp3 | t04-03 | ||
| 4 | Familia Pineda Aristizábal | audio/es/04-la-sala/04-pineda-aristizabal.mp3 | t04-04 | ||
| 5 | Familia Zuluaga Zuluaga | audio/es/04-la-sala/05-zuluaga-zuluaga.mp3 | t04-05 | ||
| 6 | Familia Giraldo García | audio/es/04-la-sala/06-giraldo-garcia.mp3 | t04-06 | ||
| 7 | Familia Vásquez Duque | audio/es/04-la-sala/07-vasquez-duque.mp3 | t04-07 | ||
| 8 | Familia Botero Pineda | audio/es/04-la-sala/08-botero-pineda.mp3 | t04-08 | ||
| 9 | Familia Gómez Giraldo | audio/es/04-la-sala/09-gomez-giraldo.mp3 | t04-09 | ||
| 10 | Familia Gómez Botero | audio/es/04-la-sala/10-gomez-botero.mp3 | t04-10 | ||
| 11 | Familia Salazar Serna | audio/es/04-la-sala/11-salazar-serna.mp3 | t04-11 | ||
| 12 | Familia Aristizábal Villegas | audio/es/04-la-sala/12-aristizabal-villegas.mp3 | t04-12 | ||
| 13 | Familia Aristizábal Gómez | audio/es/04-la-sala/13-aristizabal-gomez.mp3 | t04-13 | ||
| 14 | Familia Serna Gómez | audio/es/04-la-sala/14-serna-gomez.mp3 | t04-14 | ||
| 05 | Escuelita | 1 | Recorrido de la sala | audio/es/05-escuelita/01-recorrido.mp3 | t05-01 |
| 06 | Réplica del Cementerio antiguo | 1 | Introducción y lápidas | audio/es/06-cementerio/01-introduccion.mp3 | t06-01 |
| 2 | Francisco Gómez Botero | audio/es/06-cementerio/02-francisco-gomez-botero.mp3 | t06-02 | ||
| 3 | Entierro de Chepito Zuluaga | audio/es/06-cementerio/03-chepito-zuluaga.mp3 | t06-03 | ||
| 4 | Entierro de Luis Pineda Jiménez | audio/es/06-cementerio/04-luis-pineda-jimenez.mp3 | t06-04 | ||
| 5 | Entierro de doña Cleofe Marulanda Soto | audio/es/06-cementerio/05-cleofe-marulanda.mp3 | t06-05 | ||
| 6 | Entierro de don Alfredo Naranjo García | audio/es/06-cementerio/06-alfredo-naranjo.mp3 | t06-06 | ||
| 7 | Entierro de Luis Alfonso Giraldo Aristizábal | audio/es/06-cementerio/07-luis-alfonso-giraldo.mp3 | t06-07 | ||
| 8 | Entierro de Carlos Julio Giraldo Giraldo | audio/es/06-cementerio/08-carlos-julio-giraldo.mp3 | t06-08 | ||
| 9 | Entierro de Miguel Quintero Ramírez | audio/es/06-cementerio/09-miguel-quintero-ramirez.mp3 | t06-09 | ||
| 10 | El padre y su hija | audio/es/06-cementerio/10-padre-e-hija.mp3 | t06-10 | ||
| 11 | Entierro de una niña | audio/es/06-cementerio/11-entierro-de-una-nina.mp3 | t06-11 | ||
| 12 | Velorio de Aracelly Zuluaga Toro | audio/es/06-cementerio/12-aracelly-zuluaga.mp3 | t06-12 | ||
| 13 | Velorio de una madre | audio/es/06-cementerio/13-velorio-de-una-madre.mp3 | t06-13 | ||
| 14 | Cuando la inocencia muere | audio/es/06-cementerio/14-cuando-la-inocencia-muere.mp3 | t06-14 | ||
| 15 | Nacen dos, vive uno | audio/es/06-cementerio/15-nacen-dos-vive-uno.mp3 | t06-15 | ||
| 07 | Salón de los artistas | 1 | Recorrido de la sala | audio/es/07-salon-artistas/01-recorrido.mp3 | t07-01 |
| 08 | Sala de Tertulia | 1 | Introducción | audio/es/08-sala-tertulia/01-introduccion.mp3 | t08-01 |
| 09 | Cocina Campesina | 1 | Recorrido de la sala | audio/es/09-cocina-campesina/01-recorrido.mp3 | t09-01 |
| 10 | Espacio en honor a la cerámica | 1 | Recorrido de la sala | audio/es/10-ceramica/01-recorrido.mp3 | t10-01 |
| 11 | El Baratón | 1 | Recorrido de la sala | audio/es/11-el-baraton/01-recorrido.mp3 | t11-01 |
La versión en inglés usa la misma ruta cambiando audio/es/ por audio/en/.
Códigos QR
Cada pista tiene una dirección propia y permanente: …/#t01-07 abre la página, salta a esa pieza y ofrece reproducirla. …/#p01 abre la sala completa y …/#p00 la bienvenida.
El número del código es el declarado en el nombre del archivo, no el que ve el visitante en la lista. Por eso un QR ya impreso sigue siendo válido aunque después se añadan grabaciones que corran la numeración visible.
Los códigos impresos apuntan a https://audioguia.online. Esa dirección quedó dentro de cada QR: si la página se mueve a otra ruta hay que reimprimir y volver a pegar todos los códigos, así que conviene conservarla aunque cambie el servidor.
Las fichas para imprimir se generan aparte, en qr/fichas-qr-casa-museo.pdf.
Traducción al inglés
Están traducidos la interfaz, los nombres de sala y la descripción de cada sala. Los guiones completos de audio permanecen en español mientras se define la versión narrada en inglés.